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De los cultivos "a campo" al planteo de la hidroponia

En los últimos 16 años se desarrolló en General Pico una experiencia productiva que es reflejo fiel de las cualidades de sus protagonistas y de la noción de proceso que deben incorporar quienes se proponen proyectos de largo aliento.

Con una alta dosis de perseverancia y de constancia en las prácticas, junto con la renovación del optimismo tras los momentos difíciles, y la curiosidad, que actuó como potente combustible para impulsar nuevas búsquedas, la familia Crespo está a las puertas de innovar en la producción hortícola del norte pampeano con un avanzado proyecto de hidroponia.

Luis Crespo inició sus experiencias “como un hobby” en 2003. En aquel momento el sustento para su familia provenía de otra actividad, no afín con el trabajo de la tierra. “Ya después, desde hace diez años, la producción hortícola la hemos practicado en forma intensiva y como única actividad económica para toda la familia”. En el sector urbano de las quintas comunitarias, donde se concentran otros predios dedicados al mismo rubro, Luis atiende y mantiene 15 invernaderos en trabajo conjunto, diario, permanente con su esposa y su hijo.

En ese tramo de la entrevista, Luis rescató y valoró la importancia “de una actividad como esta, que permite que un muchacho de 21 años tenga un trabajo estable en medio de la crisis económica”.

La contratación de mano de obra extra, para acompañar ciertos momentos del ciclo productivo anual, no está exenta de complejidad. “El tema de la mano de obra es bastante complicado. Primero, porque en esta coyuntura que estamos viviendo la relación entre lo que uno puede pagar y lo que algunas personas pretenden cobrar, es difícil de conciliar. Tener a alguien contratado con todas las condiciones que corresponden es bastante complicado. Entonces nosotros tratamos de hacer todas las tareas entre los tres de la familia. De todas para maneas, en épocas de verano contratamos esporádicamente para algunos trabajos puntuales”, explicó el productor piquense.

Expresidente de APROHPAM la entidad que nuclea a sus pares y a los floricultores- , actual directivo de la misma y coordinador de la logística necesaria para las ferias comunitarias locales, Crespo amplió su respuesta sobre la incorporación de mano de obra a los invernaderos. “Lleva mucho tiempo formar a una persona en las tareas específicas, entonces preferimos hacer nosotros las tareas que requieren determinadas prácticas, y contratar cuando se trata de desmalezar u otros trabajos así. En ese sentido, digamos que las “changas” en esta época del año son permanentes”.

Historia

“Yo me dedicaba a otra actividad. Y si bien mis abuelos, allá en Vértiz, hacían horticultura hace 60 o 70 años, cuando yo decidí empezar recurrí a alguien que supiera. Entonces me contacté con Alberto Muguiro (reconocido ingeniero agrónomo de destacada actuación en el ámbito del INTA Pro Huerta), y tiempo más tarde con Carlos Pechín (otro reconocido profesional, colega y compañero del mencionado anteriormente)”, relató Crespo al dar cuenta de la evolución de su trayectoria productiva.

Con un toque de humor dijo luego “siempre me fueron corriendo la zanahoria. Primero hacía cultivos a campo, en surco. Cuando había arrancado me sugirieron que pusiera media sombra y riego por goteo. Después me dijeron sería bueno que hagas un invernadero. Y así fui incorporando tecnología y conocimientos”, resumió.

Como una nota de color y de advertencia sobre los vaivenes económicos del país- recordó que “el primer invernadero lo hice en 2005 con $5.000, con un crédito de la Fundación para el Desarrollo Regional. En aquel tiempo Gustavo Peyronet era el presidente de la institución. Hoy, hacer un invernadero de 6 metros de ancho por 48 de largo cuesta $ 150.000”.

Innovación y práctica

“Hace ya como un año que empezamos con el proyecto de hidroponia. Tenemos preparado un invernadero un poco más chico, de 7 metros por 25, donde ya colocamos todos los caños. Haremos hidroponia sin suelo, porque hay algunos modelos y posibilidades, de hidroponia con sustratos. Nosotros trabajaremos con caños a aproximadamente un metro de altura con respecto al suelo, con circulación de agua en circuito cerrado. Eso ya está listo casi en un 90 por ciento”, sintetizó.

“Nosotros, en esto, vamos a tener que hacer otro aprendizaje. Pero estamos avanzados. Calculamos que en los próximos meses va a estar en funcionamiento pleno. Ahora nos frenan los otros trabajos en la huerta, por fuera de la instalación de hidroponia. Nosotros en primer lugar haremos pruebas para ver cuánto resisten las plantas en verano en este sistema. Luego entraremos en otra fase”, describió Luis Crespo.

Más allá de ser un productor consolidado, con una serie de saberes incorporados, Crespo no deja de lado su prudencia en el planteo de nuevas etapas de trabajo. La incorporación de hidroponia forma parte “de una innovación y una renovación permanentes. Con hidroponia nos gustó la idea. Si tuviera que iniciarlo ahora, quizá no podría, los costos se hicieron muy altos, pero como ya están las instalaciones seguimos adelante. Esto tiene muchos beneficios, tanto en lo rentable como en el sabor y la calidad de los productos. Pero primero veremos cómo funciona y qué aceptación tiene en la gente. Cuando veamos todo eso, haremos otros análisis, con números concretos y veremos qué más podemos plantear”, completó.

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