Editoriales | Daniel Arroyo | Desarrollo Social

Ojalá que pueda

Empecemos por un reconocimiento a los ministros de la órbita nacional, que, a diferencia de sus antecesores, están abiertos al diálogo con el periodismo de las provincias. En ese sentido, el ministro de Desarrollo Social de la Nación, Daniel Arroyo, está recorriendo orgánicamente los medios de todo el país, dialogando mano a mano con los periodistas, en una iniciativa realmente inédita y loable. Nunca antes les interesó a los funcionarios abrir sus agendas al intercambio con el interior, tal vez porque hacerlo supone un riesgo, porque para hablar con cada región, antes, hay que conocer su realidad. Es salir de la zona de confort y exponerse, por eso consideramos que hay que poner en valor la actitud de los ministros, especialmente de Arroyo, antes de desgranar lo que sigue.

En sus encuentros con los medios, el ministro comenzó a hablar en las últimas semanas sobre el eje en el que se enfocará su cartera de manera esencial en la pospandemia, explicó que su objetivo es “vincular los planes sociales al trabajo”. Arroyo quiere que los que tienen un plan, trabajen. Todo un desafío que no debería ser un desafío, todo un desafío que es un desafío porque por décadas, todos los gobiernos de todos los colores, brindaron muchos de estos beneficios sin ninguna contraprestación, como una práctica clientelar, a cambio de que el beneficiario no se olvide quién le aseguró un monto mensual, a cambio de lealtal política, a cambio de un voto, a cambio de una pertenencia simbólica del beneficiario al beneficiador.

No es criticable la intención de Arroyo, su plan Potenciar Trabajo, así se denomina la iniciativa, es correcto, es lo que debería haber sido siempre, es darle sentido y encuadrar una práctica incorrecta que padecemos moralmente y desde nuestros bolsillos, a pesar de que, después de tanto tiempo, la hemos naturalizado.

Eso sí, la naturalizamos o la aceptamos de la peor manera, desde la resignación de sentir que no había nada para hacer, y lo peor, desde la bronca mal encuadrada y mal dirigida. Porque en líneas generales, enfocamos nuestros prejuicios hacia los beneficiarios, que casualmente son los más vulnerables, la parte más delgada del hilo y además, son los destinatarios, no los creadores de la práctica y su modalidad, nada tienen que ver ni con el diseño de los planes, ni con las formas de implementarlos. Pero, muchas veces los señalamos desde la bronca como “planeros”, en clara alusión de alguien que cobra unos mangos, generalmente pocos, sin hacer nada. Sesgamos la mirada, porque la verdad es que la responsabilidad no es del que recibe, que, además, muchas veces no tienen otra opción que aceptarlo para ayudar a “parar la olla”.

El nuevo programa nacional Potenciar Trabajo de Arroyo, según sus palabras, promoverá la inclusión socio-productiva y el desarrollo local a través de Hacemos Futuro y Salario Social Complementario, que contribuirán al mejoramiento de la empleabilidad y la generación de nuevas propuestas productivas a través de la terminalidad educativa, la formación laboral y la certificación de competencias. También contempla la creación y el fortalecimiento de unidades productivas para promover la inclusión social plena y el incremento progresivo de ingresos para alcanzar la autonomía económica.

La idea que tiene el ministro es vincular los planes con el trabajo a través de la promoción de cinco sectores productivos que generan mano de obra intensiva y que, por eso, impactarán positivamente en el desarrollo local y la economía social. Esos sectores son la construcción, la producción de alimentos, el sector textil, la denominada economía del cuidado y el de la recolección y reciclado de residuos urbanos. Y para garantizar la llegada a cada territorio, va a generar unidades ejecutoras en cada provincia y en cada municipio del país. También va a lanzar microcréditos y créditos para máquinas y herramientas para los que quieran trabajar, tengan o no planes sociales.

La iniciativa es muy buena, necesitamos que la gente trabaje, sea o no beneficiaria de un plan social, porque el trabajo dignifica. La iniciativa es muy buena, pese a que es increíble que represente un desafío algo que debío estar garantizado desde el minuto cero. La iniciativa es muy buena, pero estamos tan quemados, tan descreídos, que Arroyo, además de empujar para materializar su idea, va a tener que arremeter contra nuestra incredulidad, contra nuestra desconfianza, contra nuestro escepticismo y lo más triste, Arroyo va a tener que pelear a brazo partido con sus pares, con todos los que se sirvieron de esa indignante y despreciable práctica política. De más está decir que apoyamos su iniciativa y realmente, por la buena salud del país, le deseamos éxito, esperamos sinceramente que pueda.

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