DEPORTE | Cultural Argentino | Liga Pampeana | Javier Galeano

Javier Galeano: "Imposible que se escapara el título existiendo tanta unión"

Cultural Argentino cortó la larga noche sin títulos en 1993. Después del paso arrasante en la década del 50, donde dejó expuesta su impronta triunfal con siete vueltas olímpicas, transcurrieron 34 almanaques hasta una nueva consagración en la escena de la Liga Pampeana. Ese año salió a jugar con un equipo que amalgamó fortaleza anímica y vocación ofensiva, además de mucho hambre de triunfos. Bajo la tutela de Rubén “Flaco” Elías, el albiazul finalmente pudo expulsar ese grito de ¡campeón! que venía atragantado en el buche desde hacía bastante tiempo.

Uno de los referentes de esa plantilla fue Javier Galeano, delantero que cumplió al pie de la letra con el manual del goleador. Nacido futbolísticamente en Los Andes, camiseta que se calzó entre los años 1986 y 1991 jugando Nacional B y Primera B, previo a su desembarco en la entidad de barrio Pacífico había jugado en Sportivo Cartaginés, de Costa Rica. “El contacto para arribar a Cultural se produce a través de Angel Celoria, a quien tuve como técnico. El “Flaco” (Elías) estaba armando el plantel, y le pidió que buscara un delantero. En ese momento estaba sin club, Angel lo sabía y bueno, seguramente le habrá dicho “llevate a este que en una de esas te sirve... (risas)”. De esa forma se empezó a construir la historia de amor que tengo con Argentino”, recordó Galeano, en una charla con este diario.

El “Conejo” trabaja actualmente con las divisiones inferiores de Arsenal de Sarandí y continúa despuntando el vicio jugando en el equipo senior de Los Andes. En Argentino vivió dos etapas, y no fue el único club pampeano que lo cobijó en sus tiempos de goleador; tuvo pasos por Costa Brava (Torneo del Interior), Agrario de Parera, All Boys de Santa Rosa (T. del Interior), Estudiantil de Castex, Deportivo Argentino de Quemú y Ferro de Pico. Además, un breve lapso en Ñublense de Chile (Segunda división), Villa Mitre de Bahía Blanca (Argentino A) y Progreso de Juan José Paso, con quien disputó la final de la Liga de Pehuajó. Cuando estaba en el verdolaga piquense en ocasión de un torneo Provincial, colgó los botines.

Galeano siguió rememorando el camino previo a ese campeonato del 93, señalando que “cuando llegué al club, ya más o menos Elías tenía casi todo listo. Estaban el “Topo” (González), “Cococho” (Rodríguez), Avila, “Mundialito” (Cedeño), pero le seguía faltando algo. Así llegamos “Quique” Alvarez y yo, y después lo hicieron Maslauskas y Carrizo. A Diego lo arrimé yo, los probaron juntos y la rompieron, pero “Atu” (Balent) y la comisión no querían poner más plata, decían que era uno u otro. Recuerdo que en el buffet que tenía “Pepe” Piñeiro, con el “Topo”, “Cococho” y creo que Germán Río, le decíamos al “Flaco” que tenían que ser los dos, y ganamos la pulseada.... (risas). El grupo que se fue armando era tremendo, pero los resultados de los amistosos preocupaban, no podíamos ganar. Después de un partido con Pico, que para variar perdimos, le digo a Elías: “quedate tranquilo Flaco que vamos a salir campeones”. Interiormente creo que todos los que formamos ese plantel pensaban igual, se veía que solo faltaba conocernos un poco más”.

“Argentino vio mi mejor versión”

En el aire de barrio Pacífico estaba instalada la ansiedad, y más allá de los amistosos, muchos miraban a Cultural como uno de los potenciales candidatos a lo máximo en esa temporada. “Los directivos hicieron un esfuerzo enorme, jamás nos debieron un peso, y ellos sabían que se había armado una linda banda, que ese podía ser el año. Apostaron todo a ganador, y se notaba que algo grande iba a pasar. Argentino es mi segunda casa, literal; el primer año viví en el club, entendí lo que es el sentido de pertenencia, mis hijos se criaron ahí adentro, coseché amigos, siempre quiero volver o si viajo a la ciudad voy a ver cómo está, sigo sus campañas, sufro a la distancia. Mi corazón quedó pintado de azul y blanco, lo extraño mucho y hoy hay gente que ya no está, pero no los olvido. Argentino vio mi mejor versión, jugué por la gloria (no lo hacía gratis) pero me sentía así, me dio la posibilidad de viajar al exterior, que se interesaran otro clubes como Villa Mitre. Le di y me dio los mejores momentos de mi vida deportiva”, expresó.

La palabra humildad fue resaltada por Galeano, siendo la misma uno de los fundamentos para sostener la premisa. En ese sentido, comentó que “por ejemplo “Cococho” venía de España para ser recontra titular, no le tocó arrancar jugando,y empujaba, alentaba, alegraba al grupo, estaba atento a que todos estuviéramos bien; el “Topo” llegaba con fama de conflictivo y fue un señorito inglés, otro fuera de serie; el “Tanque” Avila se fajaba con los centrales y yo agarraba lo que quedaba dando vueltas. En el medio “Coyote” López era una fiera, iba y venía, incansable; Cedeño lo mismo, no se notaba pero hacía un laburo importantísimo, y en el centro el “Peludo” Chávez te liquidaba, se los largaba arruinados a los centrales Maslauskas y Alvarez, otras dos fieras que sacaban todo lo que venía. Por los costados el “Loquito” Tomaselli y Pablito Carrizo eran dos marcadores brasileros como pasaban al ataque, y a la hora de marcar también lo hacían bárbaro. Y en el arco Germán (Río) era una bestia, con fuerza de piernas y reflejos, por momentos imbatible. Solo le hicieron tres goles entre los dos campeonatos”.

El exfutbolista albiazul no quiso olvidarse de otros nombres que aportaron lo suyo para lograr lo que tanto se anhelaba en el club. “Estaban Carlitos Rossini, Guille Picco, Darío Caselli, el “Loco” Schenheiter, el “Mendu” Pérez que debutó ese año y era una fiera en potencia, el “Corto” Díaz, el “Ruso” Alonso y el “Perrito” López, más los chicos que empujaban desde atrás, seguramente me olvido de algunos. Elías fue el que armó y le dio forma a un gran equipo, “Chule” Casalino que nos hacía correr... “Fierrito”, el “Bocha”, Santillán y sus asados, mi amigo Pepe, “Blanquito” y su moto, Vicente Ruiz, Tamame y su hermana hincha fanática, “Titi” Guaycochea, “Atu”, “Califa”, “Tegue”, Managó, Sarria, Asquini, Arroyo, los hermanos Rodríguez, los Pagella, Tito Balent, y venía atrás nuestro un nene, un tal Marquitos Gelabert. Era una gran familia, imposible que se escapara el título existiendo tanta unión”.

“Nosotros íbamos por todo”

Ese campeonato de la Pampeana de hace 27 años contó en la grilla de partida con varios equipos que surgieron con pretensiones de ser protagonistas hasta el final. Al respecto, Galeano indicó que “el último partido en Colonia Barón, a pesar que marchábamos invictos en el Apertura, sabíamos que no podíamos dormirnos, y que era un partido duro; no solo jugábamos contra Cultura Integral, sino contra la ansiedad, los nervios. Se sufrió, y la caravana de regreso fue interminable. Nosotros íbamos por todo, queríamos el Clausura también, y la verdad que haber conseguido el primer torneo nos liberó de esa presión. Había tremendos equipos como Matienzo, Costa, Ferro, Alvear complicaba en su cancha, Pico, Estudiantil y en González Moreno ¡había que jugar eh!. Volvimos a coronarnos y así el “Cultu” entró en una etapa de éxitos. Todo lo que llegó después vino de la mano de lo que se había logrado, poder jugar el viejo Torneo del Interior, la construcción del estadio, los torneos Argentinos. Un año estuvimos a un gol de jugar el hexagonal final por el ascenso. “Atu” (Balent) soñaba (con fundamentos) llevar al club a lo más alto, pero no se pudo. Igualmente supongo que hoy miran el crecimiento del club y todos nos debemos sentir orgullosos, aunque lo quiero jugando otra vez en la A de la Pampeana”.

Dejá tu comentario