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Cuidar, preservar e incrementar

Los pampeanos gozamos de un privilegio que no apreciamos, estamos tan acostumbrados a disfrutar del verde, que no nos damos cuenta del beneficio excepcional que poseemos.

Los pampeanos gozamos de un privilegio que no apreciamos, estamos tan acostumbrados a disfrutar del verde, que no nos damos cuenta del beneficio excepcional que poseemos. Este “viejo mar donde navega el silencio”, como describe nuestro espacio el querido Ricardo Nervi, es sin duda un lugar especial para nacer y vivir. Nos resulta tan cotidiano y natural, que prácticamente no nos detenemos a pensar que vivimos rodeados de espacios verdes y que eso es fundamental para la salud física y mental, lo que nos convierte en grandes favorecidos por un entorno que además de apreciar, tenemos que aprender a cuidar, preservar e incrementar.

La ONU sugiere 6,1 metros cuadrados de espacio verde por habitante, en función de estudios que demuestran que los niños que crecen con niveles más bajos de espacios verdes, tienen hasta un 55% más de riesgo de desarrollar trastornos psicológicos. La evidencia científica es apabullante, los beneficios de crecer en lugares como el nuestro, aportan una protección invaluable a la salud. El verde aporta una esperanza de vida más larga, un mejor funcionamiento cognitivo, un estado de ánimo más equilibrado y menos problemas de salud mental. A eso hay que sumarle que, a mayor naturaleza, menor contaminación visual y auditiva, más aire puro, más biodiversidad, y mejores ecosistemas.

Tenemos todo y lo tenemos al alcance de la mano, solo que a veces, nos es tan normal y cotidiano, que ni le prestamos atención a lo que significa crecer y vivir rodeado de árboles, respirando el aire que respiramos. Piensen en los chicos de las grandes ciudades, sin posibilidad de andar en bicicleta, jugar en el barrio con los amigos o disputar un picadito en el terreno de enfrente o en la plaza más cercana. Eso, además, en un entorno de ciudad chica como el que todavía tenemos, en el que el nivel de seguridad, con algún altibajo, sigue siendo buena.

Nuestra normalidad implica vivir rodeado de verde, con espacio para hacer deporte al alcance de la mano, con espacio al aire libre disponible para todos, con lugares para disfrutar en familia a un paso de nuestra casa. Para cualquier pampeano, una plaza, un paseo, árboles y calles anchas para que los chicos las hagan suyas y las llenen de juegos, es cosa de todos los días, tan común y corriente como el pan, tan al alcance de la mano como girar un picaporte y abrir la puerta.

Solo nos falta darnos cuenta, poner en valor el patrimonio comunitario que tenemos y empezar a generar conciencia sobre la importancia de preservarlo e incrementarlo. Pensar en campañas de forestación a largo plazo, revalorizando la función que cumplen los viveros provinciales y municipales y los espacios de forestación como el Proyecto Forestal Agroecológico que está desarrollando Corpico en la Planta de Tratamiento de Efluentes, para regenerar y recrear un sistema biológico y biodiverso, en el que ya han plantado unos 25.000 árboles, gestando un sistema en el que se purifica y reutiliza el agua residual y pluvial de la ciudad.

A propósito del proyecto PlanT.A.R. de la cooperativa local, el sistema biológico que la entidad solidaria está generando, ya es un gran legado para los piquenses. El desarrollo de ese proyecto ha gestado un lugar único para la ciudad, un sistema que purifica el aire que respiramos y que recupera el agua que se tira, además de favorecer la biodiversidad y construir un pulmón verde gigante, con efectos positivos que aun no podemos ponderar.

A los beneficios habituales de disfrutar de mucho verde en este “viejo mar donde navega el silencio”, hay que agregar que atravesar la pandemia y las etapas de confinamiento teniendo la posibilidad de salir al aire libre, al verde y los amplios espacios de los que disponemos, hizo que los pampeanos transitáramos las distintas etapas del Covid-19 con un grado menor de estrés que cualquier habitante de ciudades hiper pobladas o incluso de poblaciones en las que las casas ralean y abundan los edificios, casi nulos, comparativamente hablando, en nuestras localidades.

Por eso querido vecino pampeano, lo invitamos a apreciar el privilegio del que disfrutamos. Ahora cuando salga al verde, no de por sentado que es algo común y normal, tome conciencia del beneficio excepcional del que disfruta, de lo favorecidos que estamos los pampeanos de habitar este hermoso suelo y también, del trabajo que tenemos por delante, porque a nosotros nos corresponde cuidar, preservar e incrementar “este manantial de luz en el corazón del médano”, para los que vendrán.

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