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¿Cuál es la verdadera plaga?

Si tuviéramos que simbolizar lo que está viviendo por estos días el planeta, podríamos hacerlo con una sucesión de rítmicos y profundos suspiros de alivio. El coronavirus paralizó la tierra y el planeta entero se ha visto beneficiado con la evidente disminución de la contaminación ambiental, efecto secuntario positivo de esta obligada cuarentena.

A medida que la pandemia crece y obliga a los países a frenar sus actividades, la contaminación retrocede. Hemos visto por estos días imágenes increíbles de ciudades vacías, playas desiertas, fábricas cerradas y como contrapartida, peces nadando alegremente por los canales de Venecia, o videos mostrando el retroceso de las emisiones en China. Todas postales inimaginables hace apenas unas semanas atrás.

El beneficiario inesperado del coronavirus es el planeta. Esta crisis mundial deja al desnudo la otra cara de lo que somos y lo que estamos haciendo y también demuestra el poder de recuperación de la tierra si dejamos de contaminar.

Fueron suficientes sólo unas pocas semanas para que fueran evidentes los cielos mas claros, las aguas mas limpias y el aire más puro. No es necesario ser muy versado en la temática para poder hacer un cálculo simple de lo que ocurriría si fuéramos capaces de, pasada la contingencia, sostener menores niveles de contaminación. Tampoco es imprescindible ser un entendido para caer en la cuenta que la decisión de disminuir la contaminación del planeta es política.

El Covid-19 obligó al mundo a cambiar su comportamiento, hechó por tierra todos nuestros patrones cotidianos para evitar el contagio. La pandemia, literalmente, ha paralizado la humanidad, en todos los sentidos, nos obligó a quedarnos aislados y quietos. Estamos atravesando un hecho histórico, ninguno de nosotros hubiese creído que íbamos a ser testigos de semejantes restricciones, sin embargo, acá estamos, algo tenemos que aprender de todo esto, algo positivo nos tiene que dejar.

El miedo pudo lo que no pudo la toma de conciencia. La reducción de la actividad laboral, el cierre de industrias, las restricciones de viajes, la interrupción del turismo, obró el milagro. Las imágenes satelitales comparativas, impresionan, sobre todo, considerando el breve lapso que fue suficiente para que disminuyeran los niveles de contaminación.

Ni los expertos pueden creer lo que ocurrió: “es la primera vez en la historia que hemos visto algo como esto”, señaló Marco Percoco, profesor adjunto de Economía del Transporte en la Universidad Bocconi en Milán, refiriéndose a la velocidad y la magnitud del declive de la contaminación en Italia y China. “Lo que vimos en China fue un efecto muy acelerado”, afirmó Joanna Joiner, una física atmosférica de la NASA al New York Times refiriéndose al análisis generado por esa agencia respecto a las emisiones de dióxido de nitrógeno sobre el este y el centro de China, que fueron significativamente más bajas durante enero y febrero de este año, comparadas con los niveles normales de ese periodo.

Los científicos de la NASA aseguran que la reducción de la contaminación fue evidente por primera vez en la ciudad de origen del virus, pero que terminó expandiéndose por todo el país. “Es la primera vez que veo una caída tan dramática en un área tan amplia para un evento específico”, dijo Fei Liu, investigadora de calidad del aire en el Centro de Vuelo Espacial Goddard de la NASA.

Y el mismo fenómeno se repite en otros países, como Italia, donde las aguas se están aclarando y los peces, como señalábamos antes, están volviendo a aparecer en lugares que no frecuentaban desde hacía décadas. España, epicentro del coronavirus como China e Italita, también bajo drásticamente sus niveles de contaminación.

Frente a todo esto, no cabría preguntarse ¿cuál es la verdadera plaga? ¿cuál el verdadero virus que deberíamos empezar a combatir?Esta es una crisis sin precedentes, estos son días sin precedentes, estamos aprendiendo a vivir de nuevo, adaptándonos lo mejor que podemos a las circunstancias que nos impone la situación, en ese contexto, aprender de lo que nos pasa sería un gesto humano de resiliencia.

Ciertamente el planeta no puede volver a estar en un segundo plano frente a nuestra actividad económica. El coronavirus tal vez sirva para enseñarnos que de poco sirven los mercados, las finanzas y toda la parafernalia de los que creen que manejan el mundo cuando lo que está en juego es la vida. Tal vez, el coronavirus sirva para enseñarnos que, sin el planeta sano, no tenemos ninguna posibilidad de futuro y que nosotros somos la única y verdadera plaga a combatir.

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