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Con la salud no se debería joder

Hay un punto en el que la inmoralidad, además de inmoral, es perversa. Hay un punto en el que la inmoralidad es obscena y desaprensiva, da asco. Ese punto traspasaron primero políticos de las provincias de Santa Cruz y Buenos Aires y finalmente, el mismísimo titular de la cartera de Salud de la Nación. Atropellaron los protocolos de vacunación establecidos, se auto priorizaron, se hicieron vacunar o privilegiaron a sus “amigos”, antes que los trabajadores esenciales, antes que los ciudadanos de mayor riesgo. Lo que hicieron es, además de ilegal, inmoral, vergonzoso y bestial.

¿Quién va a asumir el costo político de semejante escándalo? La evasión, el soborno y la corrupción, son fenómenos mundiales, pero en Argentina están más acendrados, somos unos puristas en cada una de esas temáticas. Sin embargo, aún en este contexto, hay asuntos en los que es demasiado, jodieron con lo que no deberían joder, pensaron que podían, que no iba a pasar nada, como ha ocurrido con tantas otras bajezas y porquerías que han perpetrado.

Actuaron bajo el patrón al que deben estar acostumbrados, el de siempre, solo que esta vez no les salió bien. Lo que hicieron es de un cinismo, una perversidad y una inmoralidad a prueba de balas. No les importó nada, se pusieron delante de todos, delante de los trabajadores de la salud, de los efectivos de las fuerzas de seguridad, de los docentes, de los abuelos, todos les importaron un bledo. Ellos primero, ellos antes que nadie, ellos, aunque eso implicara hacer un uso abusivo del poder, contravenir los protocolos, romper el cronograma de vacunación estipulado por el Gobierno nacional y los provinciales y, por supuesto, sacarle la dosis a otra persona. Ellos primero, ellos y solo ellos antes que los demás.

Federico Bodlovic se llama el intendente de Piedra Buena, político e hijo de político, su padre ocupó ese mismo cargo durante 20 años, así que se puede decir que Federico tal vez crea que, como un faraón egipcio, posee un poder divino por virtud de su posición, que es un dios viviente, ungido por la herencia, y por eso forzó al hospital a que lo vacunaran junto a su mujer, la jueza de Paz Bernardita Manucci, y su chofer, de modo de blindar su mini universo. También se vacunó su padre, el diputado provincial y vicepresidente primero de la Legislatura santacruceña, José “Pepe” Bodlovic. Una exhibición cínica y despreocupada de gente convencida que todo lo puede.

También recibieron dosis de la Sputnik 5 Héctor Vidal, intendente de Gobernador Gregores y el diputado nacional Juan Vázquez. Después de ellos, se sucedieron una serie de renuncias de autoridades sanitarias, escandaletes, anuncios de investigación y de últimas consecuencias. Lo mismo ocurrió en algunos municipios bonaerenses, en los que algunos concejales y funcionarios saltearon a todos y se pusieron primeros en la cola de vacunación, aunque no les correspondía.

Hasta ahí las denuncias sobre los privilegios de los privilegiados parecían hechos aislados, barahunda de pueblo. Entonces llegó la cereza del postre que hizo estallar todo por los aires: el director del sitio El Cohete a la Luna y presidente del CELS, el impresentable Horacio Verbistsky, contó graciosamente cómo fue que se vacunó contra el coronavirus en el Ministerio de Salud de la Nación luego de habérselo pedido personalmente a su amigo, el ministro Ginés Gonzáles García. No vamos a entrar en el terreno de las especulaciones políticas, de si fue o no una movida para desplazar al ahora ex ministro, la verdad, importa bastante poco el juego de los entretelones políticos cuando hablamos de la salud.

Con el correr de los años hemos llegado a naturalizar muchos de los privilegios de los que gozan los políticos por el hecho de serlo. No nos llama la atención que tengan a disposición autos, choferes, secretarias, asesores, otros asesores y más asesores, que usen celulares que pagamos todos, que tengan pasajes de canje, que ganen más que sus pares del primer mundo, que pidan “aportes solidarios” para las crisis y ellos no den un cobre, nos hemos habituado a casi todo, pero esto no, esto es mucho más serio y, sobre todo, mucho más vergonzoso. No solo cometieron un delito, cometieron una inmoralidad imperdonable y tienen que pagar por lo que hicieron, con la salud no se debería joder.

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