Editoriales | canasta básica

La política está en deuda con nuestros viejos

Lo que percibe la mayoría de nuestros viejos es una miseria.

Este quien esté y pase lo que pase, los jubilados siempre pierden. Se llenan la boca, hablan de los derechos que los asisten, de cómo se ocupan y de cuánto los desvelan, pero lo que percibe la mayoría de nuestros viejos es una miseria, los aumentos son miserables y la situación en la que están, es mísera. Perdieron y siguen perdiendo poder adquisitivo y el incremento que recibirán por 3 meses es, como dijo el Defensor de la Tercera Edad, Eugenio Semino, “irrespetuoso”.

“Preservamos el ingreso de jubilados y jubiladas aumentando sus haberes y otorgándoles bonos adicionales” dijo el Presidente en su discurso de apertura de sesiones del Congreso, cuando todos los haberes jubilatorios terminaron en 2020 perdiendo contra la inflación. Lo dijo amparándose en que si se cuentan los bonos extraordinarios y el pago adicional de la suma fija que otorgó a principios de 2020, las jubilaciones más bajas superaron el aumento de precios. Lo dijo a sabiendas que es una verdad a medias, lo que puede constituir una astucia política, pero es también una hipocresía.

Afirmó que se preservaron los haberes y anunció el pago de 2 bonos extraordinarios de $1500, una bicoca. ¿Qué se puede hacer con $1500? Esa suma no suma, es menos que un parche, es un dinero mínimo, además de discrecional, temporal y sin continuidad, una cifra que encima, beneficia a algunos sí y a otros no. “Se reforzó la jubilación mínima, se preservaron los derechos de los jubilados aumentando sus haberes y otorgando bonos adicionales”, aseguró el Presidente sin parpadear, cuando 4 millones de jubilados intentan sobrevivir con poco más de $20 mil.

Una miseria que además sólo alcanza a los que perciben la jubilación mínima. ¿Y los que cobran un poco más, no son jubilados? Siempre quedan afuera, con el cuento de que están mejor, permanecen excluidos de cualquier posibilidad por más mínima que sea. Están mejor de los que están peor, punto, afuera, con lo cuál, además de perpetrarse una injusticia injustificable, se van amesetando los haberes jubilatorios.

Las comparaciones son odiosas, ya lo sabemos, pero en este caso, ineludibles, porque se trata casi de una obscenidad. El Presidente habló de los aumentos del 8,07% de las pensiones y las jubilaciones a partir de marzo, y de los 2 bonos de 1500 pesos para “ganarle” a la inflación, sentado al lado de la vicepresidenta, que aguarda que la Cámara Federal de la Seguridad Social confirme la sentencia que le permitiría cobrar 2 asignaciones mensuales vitalicias más un retroactivo millonario, más el sueldo. Hablamos de 2 millones de pesos mensuales, más un retroactivo de 100 millones, más sus haberes, versus 2 bonos extraordinarios de 1500 para los jubilados cuyos haberes no superen los 30.856. Sin entrar en la discusión de si le corresponde o no, si es derecho adquirido o una violación a la ley, lo que es seguro es que el reclamo de la vicepresidenta no habla ni de sensibilidad, ni de solidaridad con la situación mayoritaria de los jubilados, ni con el momento que vive el país. Eso sí, después nos piden solidaridad y comprensión a los de a pie.

El 8,07% en el mes de marzo, implica que la jubilación mínima pasará de 19.035 a 20.571, mientras que las pensiones no contributivas van a llegar a los 14.400 y la PUAM (Pensión Universal para el Adulto Mayor), a los 16.457. Según el INDEC, la canasta básica de una familia tipo es de 56.458 pesos, eso se necesita para no ser pobre en Argentina. ¿Hay que agregar algún dato más? ¿Se puede hablar de preservar haberes y defender derechos con estas cifras en la mochila?

Tiene razón el defensor de la Tercera Edad cuando dice que el aumento es “irrespetuoso” y que los bonos “no sirven”, que son un mero parche que “desde el punto de vista económico no representan nada”. Semino cuestiona que en este contexto “no estamos hablando de un problema económico o político, sino de una fenomenal crisis humanitaria respecto del sector de la tercera edad”.

Este quien esté y pase lo que pase, los jubilados siempre pierden. La política está en deuda con nuestros viejos, el sistema previsional, las fórmulas de actualización, los bonos y los proyectos hacen agua por donde se los mire. Todo lo que se ha hecho en Argentina con nuestros jubilados ha sido injusto, cada vez ganan menos, cada vez sufren más. Esa es y ha sido la verdad por décadas, lo demás es sarasa.

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