Editoriales | Calendario

La tecnología no ha cambiado el amor

Hoy es el día de los enamorados, fecha amada y odiada en partes iguales, dependiendo de factores tan disímiles como el estado amoroso actual del que ama u odia, o por razones más ideológicas, como plantearse si es o no una fecha comercial y consumista. Lo cierto es que en más de medio planeta se festeja el Día de San Valentín y pese a la creencia, la fecha no es un capricho de ávidos comerciantes, sino que data de la Roma del siglo III y obedece a la muerte de Valentín, un sacerdote sentenciado por celebrar en secreto matrimonios de jóvenes enamorados, contraviniendo la orden del emperador Claudio II, que prohibió los casamientos porque los jóvenes sin lazos sentimentales eran a su criterio mejores soldados. Eso le valió al pobre sacerdote la sentencia de muerte que fue consumada un 14 de febrero. Así que como ven, el origen del San Valentín es mucho más amoroso que comercial.

Despejada la incógnita sobre el origen, no hay duda que el amor, a lo largo de la historia de todas las culturas, en todos los rincones de este mundo, ha estado presente, siempre hombres y mujeres han bregado por amar y ser amados. A lo largo de toda nuestra historia casi todas las personas hemos considerado la relación de pareja como una parte fundamental de nuestras vidas. Lo que innegablemente ha ido cambiando a través de los años es la manera de vincularnos y relacionarnos y en ese devenir, hoy atravesamos el amor en tiempo de redes sociales.

El mundo afectivo actual está atravesado por la virtualidad, la tecnología es el canal, el camino, el lugar y la manera de conocer al otro. Y aunque parezca que mucho ha cambiado, la verdad es que los que estudian seriamente el tema, aseguran que no hay mucho nuevo bajo el sol. Por el contrario, entienden que a veces, hasta allana el camino que antes resultaba complicado para muchos.

¿Qué es lo que verdaderamente ha cambiado? Antes, la manera más común de conocer a alguien era casi casual, se encontraban o veían por primera vez en un bar, en una fiesta, en un boliche, en la cola del supermercado, en la calle, o por ahí. El encuentro casual hoy ha sido reemplazado por las redes sociales. Internet conecta, relaciona, acerca y “encuentra” a miles de millones de personas por miles de millones de motivos, y en ese “encontrarse”, muchos terminan encontrándose en la vida real.

No hay una gran diferencia con lo que ocurría cuando los que peinamos canas éramos jóvenes, antes también nos conocíamos primero de lejos por la imagen, nos gustábamos o no de lejos por lo que entraba por los ojos. Hoy es lo mismo, solo que la tecnología lo lleva al extremo y antes de entrar en contacto con ese otro que nos gustó, tenemos posibilidades de ver a través de las redes sociales, casi como en un catálogo, fotos, actividades, si compartimos gustos, si tenemos muchas o pocas coincidencias personales, podemos husmear la vida del prójimo antes de enviar la solicitud de amistad. Si el otro/a en cuestión acepta, aparece la primera conexión y el tiempo, tal como ocurría en nuestra época, dirá si avanza o no hacia una relación.

Básicamente la fórmula es la misma: te gusta, le gustás, nos hablamos, vamos viendo, si da para seguir adelante se sigue y si no, a otra cosa mariposa. Aunque medie la tecnología, las cosas terminan en el mismo lugar de siempre, si se gustan, las personas acaban conociéndose personalmente y si la relación prospera, terminan formando una familia. Punto, nada nuevo bajo el sol.

En definitiva, como recalcan los especialistas, el cambio es positivo, porque la tecnología purifica el primer contacto, desminuye las posibilidades de error. Antes, para contactar al otro había que vencer más barreras, muchas más si alguno de los involucrados padecía de timidez. Antes, para saber si al otro le gustabas, había que consultárselo personalmente, o hacer un rodeo a través de amigos y amigas que oficiaban de celestinos y eran los portadores de las buenas o las malas noticias. Ahora, solamente con ver el perfil de quien te atrae, ya podés tener un panorama bastante interesante sobre qué piensa, qué hace, qué le gusta y qué no y con un simple click, enviando una solicitud de amistad, está dado el primer paso.

Por lo tanto, mal que les pese a muchos detractores, la tecnología ha modificado sólo de manera superficial nuestra forma de relacionarnos y más allá de Tinder, Facebook, Instagram y WhatsApp, todo termina siempre en el mismo lugar: en el encuentro cara a cara y a veces también, en el amor y el amor, ha sido, es y seguirá siendo, un arte que hace muy bien cultivar, así que felíz San Valentín y un chin chin por muchos enamorados más.

Temas

Dejá tu comentario