Editoriales | Rol de la mujer | Fernanda Alonso

Buen comienzo

La futura intendenta de nuestra ciudad, Fernanda Alonso, presentó los funcionarios que ocuparán las principales áreas municipales a partir del próximo 10 de diciembre.

Desactivó así la danza de nombres, las especulaciones y cerró el camino de las conjeturas. Simbólicamente este fue su primer acto de gobierno y también una muestra de su impronta de gestión, además de una clara señal de que realmente es ejecutiva.

Alonso será la primera mujer al frente del municipio en la historia de General Pico y eso ya le garantiza un lugar en las efemérides, lugar que podrá coronar con más adjetivos calificativos positivos si además desarrolla un mandato eficiente y provechoso para la ciudad. Tiene frente a sí una página en blanco plagada de expectativas.

Si tal como anticipó en el acto de presentación de su gabinete, ya está trabajando en la transición y en un plan estratégico de desarrollo local, suma un punto fundamental antes de la partida: planificación, algo de lo que en este país todos hacen gala solo para los anuncios, tal como lo ha demostrado nuestra argenta realidad, espejo perfecto de las consecuencias de la falta de programas de acción concretos en todos los niveles de gobierno.

Si su plan estratégico de desarrollo local es acompañado por la administración provincial y de la conjunción de ambas gestiones sientan las bases para concretar la promesa de campaña del gobernador Ziliotto, convirtiendo a General Pico en la capital industrial de La Pampa, habrá cumplido con creces.

Reconociendo que el estilo de gestión de cualquier organización es independiente del género, al que precede una cultura corporativa y las maneras de trabajar de cada grupo humano, no podemos dejar de mencionar que como señalan múltiples estudios, el rol de las mujeres en cargos de liderazgo modifica la cultura organizacional, y en ese sentido, la gestión de Alonso también genera válidas expectativas.

La temática, ampliamente abordada en los ámbitos académicos más disímiles y con conclusiones de todo tipo, coincide en algunos puntos clave respecto al rol de la mujer en ámbitos de poder, señalan sobre todo una mirada más social y empática de los procesos, el cuidado de los detalles, la tenacidad a la hora de buscar resultados para los objetivos propuestos y la capacidad de promover el desarrollo de las personas de su entorno, motivando e inspirando para ejecutar mejor.

Lo único realmente nuevo que podría intentarse para salvar la humanidad en el siglo XXI es que las mujeres asuman el manejo del mundo. No creo que un sexo sea superior o inferior al otro. Creo que son distintos, con distancias biológicas insalvables, pero la hegemonía masculina ha malbaratado una oportunidad de diez mil años

Hace casi tres décadas atrás, en 1992, cuando empezábamos a plantearnos como mundo hacia dónde debíamos ir en el siglo XXI, la revista Time solicitó a 20 intelectuales que dijeran cuál sería una buena idea para la próxima centuria. Uno de los convocados fue Gabriel García Márquez, quien dio un mensaje singular para ese momento y anticipatorio.

El premio Nobel colombiano escribió: “Lo único realmente nuevo que podría intentarse para salvar la humanidad en el siglo XXI es que las mujeres asuman el manejo del mundo. No creo que un sexo sea superior o inferior al otro. Creo que son distintos, con distancias biológicas insalvables, pero la hegemonía masculina ha malbaratado una oportunidad de diez mil años.

Alguien dijo: Si los hombres pudieran embarazarse, el aborto sería un sacramento. Ese aforismo genial revela toda una moral, y es esa moral lo que tenemos que invertir. Sería, por primera vez en la historia, una mutación esencial del género humano, que haga prevalecer el sentido común que los hombres hemos menospreciado y ridiculizado con el nombre de intuición femenina sobre la razón que es el comodín con que los hombres hemos legitimado nuestras ideologías, casi todas absurdas y abominables.

La humanidad está condenada a desaparecer en el siglo XXI por la degradación del medio ambiente.

El poder masculino ha demostrado que no podrá impedirlo, por su incapacidad para sobreponerse a sus intereses. Para la mujer, en cambio, la preservación del medio ambiente es una vocación genética. Es apenas un ejemplo. Pero, aunque solo fuera por eso, la inversión de poderes es de vida o muerte”.

Claramente General Pico no se encuentra ante ninguna disyuntiva de vida o muerte, solo ante la posibilidad de un liderazgo que nunca tuvimos y en el que ciframos muchas perspectivas en términos de crecimiento y desarrollo, en consonancia con lo que la propia futura intendenta indicó dentro de su agenda de prioridades durante su campaña. El liderazgo es un arte, un privilegio y una herramienta fundamental para generar importantes transformaciones, nada de eso le falta a Alonso, a la que le auguramos una excelente gestión para nuestro querido General Pico.

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