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Involucionamos

La pandemia significó un gran retroceso en las tendencias mundiales, por lo que las mujeres pueden esperar sentadas, porque están a mucha distancia de alcanzar iguales derechos.

Según el enfoque en el que nos basemos, a las mujeres les falta más de un siglo o más de dos para alcanzar la paridad de género laboral. Las diferencias de criterios, basadas en los parámetros que se relevan para realizar las estimaciones simbólicas, comparten algo fundamental: la pandemia significó un gran retroceso en las tendencias mundiales, por lo que las mujeres pueden esperar sentadas, porque están a mucha distancia de alcanzar iguales derechos.

Lo cierto es que, tanto el informe anual 2021 que produce el Foro de Davos analizando el estado de las discriminaciones en 156 países, poniendo en foco la participación de la mujer en la economía, las oportunidades y la política, como el Informe global sobre la brecha de género 2021 que emitió por decimoquinto año el Foro Económico Mundial, coindicen en que la pandemia amplió la brecha de género. En el primer caso, Davos estima que, de mantenerse la trayectoria actual, solo se alcanzaría la paridad laboral en 267 años. Mientras que el informe del Foro Económico Mundial, señala que eliminar las disparidades requeriría 135.

Tome el que desee, en cualquiera de los dos casos, el tiempo es sideral, no importan los años que uno u otro documento indiquen, lo que importa es el retroceso que la pandemia imprimió al avance en pos de lograr la equidad. En los por qué de la involución, ambos estudios coinciden en que las mujeres ocupan empleos en los sectores más afectados por los cierres, a lo que se suma una mayor carga en las tareas domésticas y de cuidado en el contexto de la pandemia.

Tome el que desee, ambos coinciden en que las mujeres han sido más afectadas en términos laborales que los varones, con tasas más altas de pérdida de empleo y que, a medida que el mercado laboral se recupera, los datos señalan que las mujeres siguen siendo contratadas a un ritmo más lento y con menos posibilidades de acceder a puestos de liderazgo, lo que implica un retroceso del avance que se venía registrando, de entre 1 y 2 años.

Tome el que desee, en los dos se advierte que lo que sucede en el ámbito laboral, se espeja en la participación política, universo en el que las mujeres han visto deteriorada su participación a nivel global. Los datos muestran que ocupan solo el 26,1% de los escaños parlamentarios del mundo y apenas el 22.6 de los puestos ministeriales del planeta.

Tome el que desee, no importa si alcanzar la paridad laboral nos llevará 267 o 135 años, lo significativo es que seguimos discriminando y vulnerando derechos básicos de la mitad de la población mundial y hacerlo es éticamente inadmisible y moralmente injustificable, además de una estúpida subestimación a escala mundial del potencial de las mujeres y de un fenómeno, por definición, aberrante contra la mitad de los seres humanos.

El tema está lejos de ser solucionado, estamos apenas en camino, pero los cambios sociales y culturales son muy lentos y erradicar diferencias que hemos arrastrado por siglos no es tarea sencilla. Reducir las brechas y garantizar igualdad de oportunidades es fácil de expresar, pero difícil de concretar, construir escenarios de igualdad en un mercado laboral, en un mundo empresario, manejado y dominado por hombres durante siglos, es un desafío al que le cuesta un gran esfuerzo superar lo declamativo, no pasa de una expresión de buenos deseos.

De sobra lo sabe la senadora de nuestra provincia, Norma Durango, presidenta de la Banca de la Mujer, que trabaja cotidianamente promoviendo la igualdad de género, la igualdad de oportunidades y trato y que, en ese contexto, desde la Agenda de la Igualdad, ha expuesto la necesidad de avanzar en políticas públicas que promuevan la paridad y elminien la discriminación. De hecho, desde la Agenda de la Igualdad, se ha advertido en varias oportunidades que la brecha salarial y la desigualdad en la situación laboral de las mujeres respecto a los hombres ha empeorado en distintos sectores productivos durante la pandemia, profundizando las disparidades preexistentes.

¿Podemos esperar 267 o 135 años más para eliminar las disparidades? O mejor dicho ¿debemos hacerlo? La discriminación política o laboral de la mujer, es una de las discriminaciones más regresivas del planeta. Desterrar este tipo de prácticas injustificables es un imperativo ético. Es inadmisible que las mujeres deban esperar sentadas 267 o 135 años más para alcanzar lo que es justo. Que no avancemos, es un termómetro que registra lo retrógrados que seguimos siendo.

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