Editoriales |

Basta de Rocíos

Rocío tenía 14 años, la violaron en grupo, la violaron en reiteradas oportunidades y después la mataron porque se negaba a seguir siendo abusada, la reventaron a golpes en la cabeza y una vez muerta, la arrastraron hasta un baldío cercano y la descartaron, su cuerpo ya no les servía. Rocío estaba embarazada de 2 meses y conocía a todos sus victimarios, de hecho, era amigo suyo y de su novio el chico que la invitó a su casa, por eso fue, por eso confió, por eso murió.

Entre el 1 de enero y el 31 de diciembre del 2019, el Registro Nacional de Femicidios contabilizó 252 víctimas directas de femicidio y otras 16 vinculadas, crímenes que dejaron 222 niñas y niños huérfanos y en muchos casos con sus padres detenidos o muertos.

La cuarentena obligatoria dispuesta como medida sanitaria agravó una situación que ya era crítica. Desde que se decretó el aislamiento, la línea 144 recibió un 40% más de llamados y la 137, un 20% más. Según el relevamiento que realiza la “Casa del Encuentro”, a través de su Observatorio de Femicidios en Argentina, durante el Aislamiento Social Preventivo Obligatorio, entre el 20 de marzo y el 14 de mayo, se cometieron en Argentina 49 femicidios y femicidios vinculados, 4 de las víctimas eran niñas. El 71% fueron asesinadas en sus hogares, el 72% eran menores de edad, el 67% de los femicidas eran sus parejas o ex parejas, y 1 de cada 5 ya había hecho denuncias previas.

Hace apenas unos días celebrábamos en este mismo espacio el lanzamiento del Plan Nacional de Acción contra las Violencias por Motivos de Género, como la mejor noticia de los últimos tiempos y seguramente pronto comenzará a ponerse en práctica el plan de acción para materializar la propuesta, pero urge el mientras tanto, qué hacemos hasta que eso suceda. La violencia contra la mujer constituye un fenómeno de gravedad que implica la violación a los Derechos Humanos fundamentales, es un problema político, social y de salud pública que involucra nuestra idiosincrasia cultural y nuestro orden instituido y en este momento es la otra cara de la cuarentena, es la pandemia silenciosa.

Así como trabajamos para evitar que avance el Covid-19, tenemos que hacerlo para frenar los femicidios. Es tan urgente como el coronavirus, mata como el coronavirus pero, a diferencia de él, deja secuelas de por vida en todo el círculo familiar y cercano de la víctima. No podemos esperar hasta que se materialice el cambio de paradigma que socialmente necesitamos, tiene que haber un plan B, algo tenemos que hacer, siempre se puede hacer algo más cuando hay voluntad política.

Un ejemplo concreto es que no hay campañas de concientización en los medios, no hay. Una cosa es publicitar las líneas de atención, contención y asesoramiento en situaciones de violencia por razones de género y otra muy diferente es implementar campañas de concientización para desnaturalizar la violencia de género, con mensajes centrados en asuntos tangibles y específicos sobre derechos o acciones. Campañas de concientización que den prioridad al mensaje de que las mujeres tienen el derecho a estar libres de violencias, mensajes claros y simples, asociados a un logo o una imagen constante, que se mantenga en el tiempo, que sea una mega estrategia coordinada que incluya eventos, web, redes, posters, artículos en diarios, radios, TV, programas de teatro, que invada e inunde todo el espacio público.

No hay campañas en las calles, no hay en los medios, no hay en las redes, no hay en las escuelas. La escuela, más allá de la digitalización obligada por la pandemia, aún no incorporó el tema de la violencia de género como prioritario. Tampoco lo hizo toda la administración pública, ni siquiera la justicia y las fuerzas de seguridad que tienen que trabajar obligadamente desde la perspectiva de género. No tenemos protocolos unificados que nos guíen, que nos digan exactamente qué debemos hacer y cómo hacerlo.

Cuántas Rocíos más de 14 años muertas hacen falta en nuestro país para acelerar la implementación de acciones. Cuántas violaciones en grupo o manada necesitamos, cuántos abusos a menores, cuántos huérfanos más antes de empezar a planificar el mientras tanto de manera nacional. Hay que pisar el acelerador, tenemos que implementar acciones que tengan un impacto rápido y que ese impacto sea visible, tenemos que hacer algo. Basta de Rocíos.

Dejá tu comentario