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Tal vez vaya siendo hora

Aunque quieran minimizar o desdramatizar, todos sabemos lo que pasó y lo que pasó es bastante fiero, además de antediluviano, tan tradicional en el seno de la UCR como el partido mismo. Por eso muchachos, aunque intenten guardar las formas, evitar las declaraciones públicas para mitigar las olas, es innegable que tienen una interna feroz y que, aunque no les guste, son mucho más consistentes y enfáticos a la hora de disputar un cargo, que a la de plantarse por un tema que excede las aspiraciones de uno u otro espacio y refiere al bien común.

La tormenta se desató por un puesto en la empresa del Estado Empatel. Ya habían discutido cuando tuvieron que elegir el nombre para representar a la primera minoría en el Directorio de la Empresa Provincial de Telecomunicaciones, ocasión en la que respaldaron a Leandro Salaberry, no sin que implicara quebrar la paz interna y quedara en evidencia la fragilidad de las alianzas electorales dentro del radicalismo. Sin embargo, las fricciones no llegaron al escándalo hasta la segunda elección, cuando tuvieron que nominar a alguien para ocupar una de las sindicaturas de la compañía.

En ese preciso momento olvidaron amistades y alianzas ocasionales, todo se enturbió y aparecieron los viejos egos disputando un carguito que, dicho sea de paso, tampoco es un lugar de una relevancia superlativa como para semejante puja. Pero que vamos a hacer, a la hora de ocupar un mini espacio de poder, parece que se transforman, que se arma una especie de cóctel molotov poco recomendable. Ya lo sabemos, si queres conocer verdaderamente a alguien, dale un poco de poder.

La verdad es que impresiona ver como se pierde la calma en el estanque, donde todo parecía quietud y paz, fue suficiente arrojar una miga para que convirtieran aguas tranquilas en un aquelarre. Nadie quiere hablar, pero todos hablan, nadie quiere pelear, porque hay cosas mucho más importantes de las que ocuparse, pero todos pelean, y lo hacen con mucha más vehemencia que la que les vemos en los temas inherentes a cuestiones políticas que exceden la mera discusión por un espacio de poder, por sus quintitas.

Aparecieron todos los históricos, de a uno en fondo, Marino, Kroneberger, Torroba, Berhongaray y los Altolaguirre, un poco más o un poco menos, pero todos terciaron, todos rosquearon y todos pelearon por la sindicatura de Empatel que finalmente recayó en Gabriela Bruno de Miguel Riglos, en vez de Javier Couly. Los vaivenes son parte de las reglas de juego de la política, es natural y hasta sano tener discrepancias y discusiones, siempre y cuando no lleguen a mayores y no sean por temas de una trascendencia menor o en un momento inapropiado, como es el caso.

Además, si ahora, en el contexto y en el estado de crisis que atravesamos, disputan y tratan de posicionarse con vehemencia, qué va a pasar cuando tengan que discutir las candidaturas de las próximas elecciones, qué le espera a la UCR de cara al futuro, cabe preguntarse si nadie estará pensando en algo que esté unos centímetros más allá de su propio ombligo, porque la verdad es que desde el llano, el espectáculo que ofrecen es bastante lamentable. Son los mismos de hace décadas, peleando por lo mismo de hace décadas.

Y no vengan con que fue una situación excepcional, que nunca, que jamás, que de casualidad. Esta película ya la vimos cuando tuveron que definir los conductores del Banco de La Pampa y también en el caso de Pampetrol, así que no hay nada nuevo bajo el sol. Además, todos sabemos que están los que terminan su mandato, los que están en casa esperando la oportunidad y los que aguardan deseosos la posibilidad de recuperar la banca que perdieron en la Cámara de Diputados de la Nación.

Los mismos de siempre, haciendo lo de siempre y una brecha que aparece cada vez más amplia. No intenten guardar las formas, hagan declaraciones públicas o no, todos incurren en la vieja práctica del “off de récord”, es decir que trasciende todo lo que ocurre puertas adentro, por eso mismo se sabe que los de siempre están en la misma de siempre, esperando reposicionarse, sin distraer ni un segundo las movidas de las propias fichas, en función de las de los otros.

No disimulen, ya nos dimos cuenta. Lo realmente valioso y relevante sería que dejen de disimular y se den cuenta que haciendo lo mismo no se pueden esperar otros resultados. Tal vez vaya siendo hora: hora de oxigenar las estructuras, hora de darle espacio a los más jóvenes, hora de cambiar.

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