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Vuelta de La Pampa 1960: El paso de Juan Gálvez, perforando la distancia

Ese día Juan Gálvez ganó la sexta edición de la Vuelta de La Pampa. Una victoria que adquirió trascendencia por ser la número 40 en su historial y una de las ocho que en esa temporada lo llevaron a festejar el noveno y último título en la categoría más popular del automovilismo deportivo argentino...

Por Raúl Bertone

Algunos nubarrones poblaban el cielo de General Pico ese domingo 8 de mayo de 1960. El agua caída el sábado anterior había regado los polvorientos caminos. Como los pilotos no eran brujos, podían llevar pantaneras. O no. A veces, se largaba con lluvia. Y se podía prever la cosa. Cuando el Turismo Carretera enfrentaba en ese tiempo el barro o la lluvia, las carreras se hacían más carreras. Tenían un costo extra. Entonces se apelaba al sacrificio para seguir, para llegar. Y esa gente lo conseguía.

Ese día Juan Gálvez ganó la sexta edición de la Vuelta de La Pampa. Una victoria que adquirió trascendencia por ser la número 40 en su historial y una de las ocho que en esa temporada lo llevaron a festejar el noveno y último título en la categoría más popular del automovilismo deportivo argentino. Largaron 32 de los 38 autos inscriptos para cumplir con dos circuitos; el primero de 295 y el segundo de 352 kilómetros. Juan alcanzó sobre esos caminos pampeanos de tierra un promedio notable: 157,991 km/h. Superó en casi cuatro kilómetros el logrado por Marcos Ciani en el ‘59, y a su vez la marca récord que para esta competencia tenía Logulo desde 1954, cuando estableció algo más de 155 km/h.

Lo que además quedó en claro en esa Vuelta de hace 60 años fue el dominio absoluto de Gálvez con su Ford 46, desde el inicio de la prueba hasta el final. En los parciales una sola marca no fue superada con respecto al año anterior, cuando Marcos Ciani consiguió 149 km/h en el primer tramo por Santa Rosa; todas las demás fueron superadas. Muchas de las carreras ganadas por Juan se definieron sobre la misma llegada; otras fueron victorias holgadas. Esa vez quedó expuesta una significativa superioridad sobre el resto. Arribó al cierre con 4’14” de ventaja sobre Rolo De Alzaga mientras su hermano Oscar concluyó tercero, a más de diez minutos.

En cuanto a lo hecho por los pampeanos, el mejor ubicado en la clasificación final fue el piquense Juan Marchini, con su inseparable amigo Gallo a su lado. Después de sufrir la rotura de una rueda a menos de una legua de la llegada, y a punto de quemar el embrague, el Ford Nº 8 arribó undécimo, a más de 36 minutos del vencedor. Otros dos exponentes de nuestra ciudad no pudieron concluir. Aurelio Santoro abandonó cerca de Quemú Quemú debido a la rotura de la cruceta, y en cercanías de Eduardo Castex, Cesáreo Castaño sufrió el vuelco de su Chevrolet sin consecuencias físicas para “Cachi” y su acompañante Luján. Pero hubo un piquense, Ernesto Baronio, quien representando a Hughes (se había radicado allí a los nueve años), terminó séptimo y segundo entre los “no ganadores”.

Esa jornada donde el eterno Juan Gálvez (murió trágicamente en 1963) volvió a dejar su impronta en nuestra provincia, coincidió con la celebración de su triunfo en la primera Vuelta de La Pampa, 11 años atrás. El nueve veces campeón del TC fue sinónimo de análisis, preocupación y trabajo. Siempre estuvo lejos de la improvisación. Aún cuando fuera capaz de crear el milagro mismo sobre la marcha.

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