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Atrasan y cansan

No había ninguna necesidad de volver a la misma vieja cantinela. ¿Otra vez el campo, o, mejor dicho, otra vez contra el campo? La pregunta del millón es por qué, por qué otra vez meterse con el sector agropecuario, por qué volver a atacarlos gratuitamente. Lo de Vicentín es, a todas luces, un error, qué de concretarse, vamos a pagar con el bolsillo de todos los argentinos. Pero es además un error repleto de pasado, lo que empeora el panorama que ya de por sí es bastante feíto.

En estos días, con el cuento insostenible de la “soberanía alimentaria” hemos vuelto a escuchar discursos de odio hacia el campo, ridículos epítetos descalificativos, que suenan mucho más grotescos cuando salen de la boca de acomodados burgueses que viven de pingües negocios no siempre completamente bien habidos y que se creen socialistas de izquierda sólo discurseando. “Oligarcas”, “sojeros”, “terratenientes”, “especuladores”, mientras en la realidad siempre los ganadores hayan sido los mismos grupos concentrados que decían combatir.

“Oligarcas”, “sojeros”, “terratenientes”, “especuladores”, parece mentira que sigamos escuchando a Moreno con la misma filípica, metiendo en la misma bolsa a multinacionales disfrazadas de chacareros y al verdadero chacarero, ese que subsiste de un campito perdido en la nada, sin caminos, sin infraestructura, pagando impuestos siderales como si una autopista lo depositara en la tranquera. Dejense de joder, muchachos, atrasan y cansan.

Mañana, en una treintena de ciudades del interior habrá un banderazo organizado por productores agropecuarios, entidades relacionadas al agro y autoconvocados, para manifestar su rechazo a la decisión del gobierno nacional de intervenir y expropiar Vicentín. Mañana tendremos otra vez al campo en las ciudades, repitiendo una película que creíamos superada, volviendo atrás innecesariamente. Todo por una mala idea que no va a traer ningún resultado positivo.

No hay beneficios, la historia argentina en materia de administración estatal de empresas es un muestrario de falta de sentido común para el lado que se tomen. Fue en un gobierno del mismo signo en el cual se privatizaron todas las empresas estatales y la corrupción empezó a llevarnos barranca abajo o será que ahora no se acuerdan porque están rezando por la salud del líder Carlos Saúl. Ninguna de estas decisiones ha sido exitosa, positiva y jamás han contribuido al tan mentado bien común.

No aprendemos más, no han hecho mella los tantos ejemplos que tenemos a mano, siempre con las mismas consecuencias: pérdidas cuantiosas que pagamos entre todos los argentinos, sobre todos los más pobres y una mala o deficitaria prestación de los servicios.

Ni siquiera han sido inteligentes en la justificación de la medida que intentan, lo de la “soberanía alimentaria” es una verdadera gansada. Argentina produce alimentos para diez veces su tamaño. No tiene la culpa el sector agropecuario del hambre de los miles de argentinos que no tienen garantizada la alimentación. Los compatriotas que no se alimentan son consecuencia de la pobreza, pobreza que han permitido, gobierno tras gobierno sin diferencia de signo político, por décadas. Entonces, no jodamos con la preocupación por la “soberanía alimentaria”, es mentira, una mentira que, considerando lo que quieren justificar, también es una cretinada.

Tampoco son ciertas todas las demás justificaciones, ni la de la preocupación por las fuentes de trabajo, ni la del riesgo de extranjerización del sector, ni la de la necesidad de tener un Estado que tenga un rol activo en el desarrollo productivo.

Los trabajadores que dicen querer proteger, nunca dejaron de percibir sus salarios, pese a que la empresa está en concurso preventivo. Vicentín tampoco realizó despidos, nada hacía pensar o preanunciaba que se podían llegar a perder los empleos que supuestamente quieren preservar.

Lo de la “extranjerización” es más raro todavía, porque nos hemos pasado años esperando y alentando la “lluvia de inversiones”, tratando de ser atractivos para los capitales extranjeros. Nos ha ido bastante mal, no hay mucho aporte a nuestra economía en ese sentido, pero, aun así, estaríamos repeliendo lo que eternamente hemos tratado de conquistar y de paso, sumando otra pésima señal a cualquier extranjero que piense en invertir en Argentina.

Finalmente, un dato no menor que le pone la cereza al postre, es el jurídico, no hay manera de hacer que suene legal algo que no lo es, o al menos no completamente. Se estaba ocupando la Justicia del tema, cómo explicar que el Estado quiera meter la nariz en algo que no le incumbe. Tal como explican los juristas, hay un decreto que pasa por encima de la autoridad del juez que está a cargo del concurso de acreedores y de garantizar los derechos de los acreedores y deudores de la empresa. O sea…todo es castaño oscuro.

Lamentablemente mañana tendremos otra vez el campo en las ciudades. Vamos a volver a vivir un episodio triste de nuestra historia reciente, la mayoría de los argentinos no queremos ver de nuevo la misma película, no queremos que sindiquen al campo como enemigo, no queremos las antinomias estúpidas, no queremos las viejas cantinelas, los ataques gratuitos. Basta, de verdad, basta, atrasan y cansan.

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