Editoriales |

Argentina necesita transformarse en un país normal

¿No le gustaría despertarse en un país normal? Normal en su acepción académica u oficial, no normal en el sentido de nuestra concepción vernácula, porque convengamos que lo que un argentino puede entender por "normalidad", en un contexto histórico signado por devaluaciones, inflaciones, hiperinflaciones, compra compulsiva de dólares, niveles astronómicos de pobreza e indigencia, desocupación e inseguridad, entre otras tantas "normalidades", no es lo que otros países catalogan precisamente como aceptable dentro de la significación del término.

Por eso, ¿no le gustaría despertarse en un país normal entendiendo la palabra en su correcta acepción?

Sin idealizar la realidad de ninguna nación, porque convengamos que cada país tiene sus propios problemas y sus aspectos positivos y negativos, a nosotros nos ha tocado vivir de crisis en crisis, obligados a desarrollar una capacidad de adaptación casi infinita.

Por necesidad nos hemos acostumbrado a vivir al borde del abismo, como resultado de las sucesivas sacudidas económicas y la constante inestabilidad. Nuestra normalidad es vivir en el estrés permanente de nunca saber con qué novedad nos vamos a despertar mañana.

Por eso nuestros sueños de normalidad están atados a las ansias de una estabilidad duradera, a la necesidad de lograr una continuidad política amarrada a un proyecto común que exceda el signo partidario que maneja las riendas del país en determinado momento. Nuestros sueños de normalidad piden a gritos un diálogo genuino, frontal, conducente, abierto, comprometido y constructivo que desemboque, de una vez por todas, en un pacto social.

Necesitamos contemplar el país lejos de los intereses personales y las mezquindades partidarias, tenemos que mirarnos con la generosidad y la responsabilidad que demanda esbozar un proyecto colectivo a largo plazo.

Ese es nuestro gran desafío: acordar, pactar, consensuar, ponernos de acuerdo en un destino común. Converger como ciudadanos en políticas de Estado genéricas, en reglas duraderas, pensando en un proyecto colectivo con ejes de acción claros, con un horizonte y objetivos básicos de acá a la próxima década. Pero para dialogar, es necesario escucharnos.

Tan fácil de decir y tan lejano para nosotros, para nuestra costumbre de fotos y amagues de encuentros que siempre terminan en desencuentros, de manos estrechadas que a poco concluyen en enojos y desacuerdos zonzos, para nuestros grandes anuncios que nunca llegan a buen puerto, para nuestra coyuntura insuperable gracias a nuestro hábito de dirimir todo a los gritos, chicaneando y en lo posible a través de los medios o de Twitter.

El primer paso es la voluntad política de todos los sectores, el segundo es establecer un punto de partida, compartir una primera mirada para alcanzar un diagnóstico común. Luego de ese inicio, hay que empezar a plantear, desarrollar y establecer objetivos reales y posibles que deben incluir tanto los temas urgentes e impostergables, como aquellos que trascienden el corto plazo y la coyuntura actual para empezar a planificar el futuro. Tenemos que definir todos juntos qué queremos para Argentina en los próximos años y comprometernos a empujar en la misma dirección, sea quien sea el que esté llevando circunstancialmente las riendas.

No puede ser una utopía irrealizable consensuar un proyecto común y lograr compromisos duraderos de todos los actores del arco político. No puede ser una utopía plantearse un puñado de sueños colectivos. No podemos estar tan mal.

¿No le gustaría despertarse en un país normal? ¿No sueña con amanecer y que hayan desaparecido todos nuestros males? A todos nos gustaría, todos los de a pie necesitamos volver a creer que es posible, ya no toleramos más desencuentros y falsas reuniones, fotos y diálogos ficticios, apretones de manos de circunstancia, enojos por nimiedades y cruces mediáticos insípidos por cuestiones que en definitiva obedecen a egos ofendidos y nada tienen que ver con lo que nos pasa.

El disenso y la multiplicidad de miradas son muy saludables, pero en esto, necesitamos un pacto, Argentina precisa hoy la mejor versión de cada uno en pos de trabajar por un futuro mejor, Argentina necesita hoy transformarse en un país normal, en el mejor sentido del término.

Dejá tu comentario