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El costo de la política

Anunciaron una suba del 40% del sueldo al personal del Congreso, aumento que beneficiará de "rebote" las dietas de diputados y senadores.

En una nueva muestra de la dificultad de nuestro universo político para entender los signos de los tiempos, anunciaron una suba del 40% del sueldo al personal del Congreso, aumento que beneficiará de “rebote” las dietas de diputados y senadores, congeladas desde diciembre del 2020 como un “gesto político”, luego de aprobar la Ley de Solidaridad. Eso significa que, además de los trabajadores legislativos, los diputados y senadores de la nación recibirán un aumento salarial 11 puntos por encima de la inflación proyectada en el Presupuesto que ellos mismos aprobaron.

Es una decisión muy excéntrica y significativa que habiendo proyectado una inflación del 29%, se auto otorguen una suba del 40%, que la legislativa sea una de las paritarias más elevadas en lo que va del año y que decidan este incremento salarial cuando miles de comerciantes están fundidos o casi fundiéndose, el desempleo sigue trepando en casi todos los rubros, miles de pymes tuvieron que bajar la persiana y los índices de pobreza e indigencia sigue creciendo. ¿Cómo pueden tomar esa decisión sin que constituya ningún dilema moral en el contexto de desesperación, tristeza y agobio que atravesamos?

La realidad de los de a pie, es que los que trabajan tienen que trabajar cada vez más para arañar fin de mes y aún así, viven cada día un poco peor, porque el poder adquisitivo sigue estrellándose contra las condiciones económicas y las crisis sucesivas, al tiempo que la política les confisca buena parte del fruto de sus esfuerzos cotidianos mediante una montaña de impuestos. Eso los que tienen trabajo, después están los otros, los que no tienen un ingreso fijo, los que changuean y hacen malabares para ir remando el día a día. Y finalmente, están los que no tienen nada y dependen de algún subsidio o ayuda estatal, a los que podemos sumar jubilados y pensionados, con sus haberes paupérrimos que no cubren sus necesidades básicas, siempre los últimos de los últimos a la hora de hablar de sus ingresos. Atrás de todos ellos están los pobres y los indigentes, los que perdieron todo, hasta las esperanzas.

En ese contexto es que definen un incremento salarial del 40%, 11 puntos más que la inflación que ellos mismos aprobaron en el Congreso. Cobran un 20% más al equivalente del sueldo de un empleado administrativo de la categoría más alta, más gastos de representación y desarraigo, en el caso de los legisladores del interior. En el momento que vive Argentina, es una obscenidad.

Y no tienen que ver con la vieja discusión de si la masa salarial de los cargos jerárquicos de todos los poderes del Estado mueve o no el amperímetro en el Presupuesto nacional. No tiene que ver con eso, para nada, tiene que ver con otra cosa, tiene que ver con un dilema ético en las decisiones, con poder poner la mirada, como representantes y gestores de la administración pública, en lo que estamos viviendo como nación y en cómo estamos atravesando este momento crítico los ciudadanos. De eso se trata.

Y por supuesto que si, que sería un excelente momento para discutir el costo de la política, el gasto de la política, en general, que no se limita a los sueldos de senadores, diputados, ministros o presidentes, es mucho más, un gran mar de cargos y empleos, de direcciones, carteras, secretarías, ministerios, organismos descentralizados, entes, institutos, sociedades, agencias y demás etcéteras, porque si hay algo que en Argentina nunca se achica, es precisamente el Estado.

Discutamos, discutamos los centenares de lugares inexplicables, de las 343.042 personas que figuran en las planillas oficiales del Ministerio de Economía a octubre del 2020, entre planta permanente, personal transitorio y contratados, hablemos también de las remuneraciones, que según consta en los datos también oficiales, representan un 10% más que el promedio que registra el sector privado.

Y no es hipocresía, como dijo el Presidente ante la propuesta opositora de reducir los sueldos de los políticos un 30%, no es cierto que “esa no es la solución que la Argentina necesita”, claramente no es lo único que nuestro país necesita, pero qué bien nos vendría un gesto que indique que están leyendo realmente lo que pasa.

En un país en el que casi la mitad de sus ciudadanos están bajo la línea de pobreza, en el que miles de trabajadores perdieron sus fuentes laborales y en el que el 60% de la economía está en negro, aumentar las dietas y los viáticos del universo político es chocante, irritante y obsceno. No les gusta escucharlo, pero es cierto, no les gusta verlo, pero es verdad, y que no les guste, sólo es un indicador más de la brecha que separa la política, de la gente.

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