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¿Aprenderemos?

La pandemia puso el mundo patas para arriba, eso es seguro, tan seguro como que de esta vamos a salir distintos, lo que nadie sabe, aunque muchos ya arriesgan pronósticos, es cómo vamos a salir, ni si la diferencia va a ser que seamos mejores o peores, individual y colectivamente. Por ahora tenemos muchas más preguntas que respuestas.

Los cálculos dicen que somos unos 3.000 millones de personas en todo el mundo los que estamos confinados para tratar de frenar el virus. Los cálculos también aseguran que a la salida del coronavirus nos espera una gran recesión global, con un lógico impacto negativo en los números del empleo y la pobreza. Es decir que, los cálculos indican que saldremos de esta en un mundo más desigual, más empobrecido y con menos posibilidades.

Nadie sabe si saldremos más sabios, si cuando finalmente logremos superar la contingencia nos habremos apiolado por qué hay que invertir más en salud pública, en ciencia, en tecnología, por qué deberíamos dejarnos de joder con muchos de los espejismos a los que hasta antes del virus considerábamos la autopista hacia “un mundo mejor”.

Ignoramos también si esa tensión constante de la denominada economía internacional entre los gigantes que se pelean pero que, en definitiva, se necesitan, habrá terminado, si el riesgo al que vieron expuestos sus países habrá sido suficiente como para piensen en cambios y en la necesidad de una organización global para la cooperación.

Tampoco sabemos qué pasará con nosotros y todos los países como el nuestro, endeudados hasta la coronilla. Nos gustaría creer que la benevolencia que vimos respecto a nuestras situaciones como consecuencia de la pandemia será sostenible en el tiempo, que tendremos una nueva oportunidad de debatir seriamente sobre las deudas y el futuro.

Cómo saber si saldremos y seremos una humanidad menos mezquina y más solidaria, si seremos capaces de generar ámbitos de cooperación internacional y más derechos para todos, si seremos capaces de trabajar por el medio ambiente, ahora que la pandemia demostró el grado de contaminación que genera el “desarrollo”.

Dificil saber qué mundo seremos capaces de construir después de esto, si podremos instituir un nuevo orden, o vamos a seguir en el mismo camino. Iremos hacia nuevas formas de organización política y social de la humanidad, o simularemos que nada de esto ocurrió y taza taza cada uno a su casa.

Pase lo que pase después, salgamos como salgamos, lo seguro es que cuando lo hagamos, el virus habrá cambiado el mundo y el desempleo y la pobreza, producto de la recesión económica mundial serán mayores. La gran incógnita es qué harán los gobiernos con eso y que haremos nosotros, los de a pie, con eso.

Si, si, porque de nosotros también depende y aunque nos guste creerlo, solo soñar o repetir que somos mejores no nos hace mejores, ni más justos, ni más solidarios. Seremos mejores sólo si caemos en la cuenta que una sociedad es con todos y que para que estemos bien, a todos nos tiene que ir bien. Que una sociedad signada por profundas desigualdades, es inviable.

El Covid-19 no será la última pandemia que la humanidad va a tener que atravesar, habrá un próximo virus, no sabemos cuándo, pero es seguro que vendrá y nada ni nadie puede saber cómo será, tal vez el próximo sea mucho peor que este, tal vez el próximo sea capaz de matar a cientos de millones de personas mucho más rápido que este. Tal vez el coronavirus, sólo sea una advertencia y también una oportunidad, la incógnita es si seremos o no capaces de aprender.

La pandemia puso el mundo patas para arriba, de esta vamos a salir distintos y habremos ganado sólo si cuando lo hagamos y retornemos a la normalidad, esa normalidad implica también empezar a trabajar para que las desigualdades se morigeren, para que las personas que viven en la pobreza y la precariedad disminuyan, para que las asimetrías económicas desaparezcan. Si lo logramos, entonces la pandemia habrá sido algo más que una emergencia sanitaria mundial, si lo logramos, habremos aprendido y habremos ganado.

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