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Aprender de lo malo

El coronavirus ha cambiado el mundo, nos ha obligado a ponderar otras opciones y explorar distintas posibilidades, muchas de las cuáles seguramente se adoptarán como permanentes una vez que pase la pandemia. El teletrabajo es una de las opciones que muchas empresas se vieron obligadas a implementar para resguardar la seguridad sanitaria de sus trabajadores, manteniendo a flote, dentro de lo posible, sus economías. Ese camino, que emprendieron por obligación, podrá transformarse para muchos en una alternativa permanente por las bondades que representa en determinado tipo de quehaceres en los que la presencia física, empieza a ser innecesaria.

Aunque todavía es temprano para saber a ciencia cierta si el teletrabajo llegó para quedarse, no lo es para saber que cada vez son más las empresas que lo abrazan como práctica. Por supuesto que son mayoritarias las procedentes de la esfera tecnológica, pero las tradicionales, que no tenían en sus planes implementar esta novedosa fórmula laboral y debieron adoptarla por obligación, han probado ahora las ventajas en lo atinente al ahorro de dinero, tiempo, consumo de energía y bienes inmuebles entre otras bondades, por lo que no sería extraño que superada la emergencia sanitaria, piensen seriamente en el teletrabajo como una opción válida.

Claro que no es apto para todo tipo de actividades, se adapta mucho más a las tareas de tipo administrativo y logístico, pero en esos ámbitos, no cabe duda que constituye una oportunidad de innovar ahorrando.

En Argentina aun es muy incipiente la modalidad, la resolución 239/2013 del Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social, contempla utilizar el trabajo a distancia sólo como una forma de conservación del empleo para aquellos trabajadores que se encuentren en el período de conservación de puesto siguiente a una enfermedad o accidente que les impida retomar sus tareas habituales. Nos falta todavía una regulación clara.

Se han presentado en el Congreso Nacional varias propuestas legislativas para regular el teletrabajo, proyectos en los que además de definir la modalidad, se propone reconocer diversas formas de contrato según el lugar de prestación de los servicios: domicilio, centros de teletrabajo u oficinas satélites, oficinas virtuales o móviles, entre otras. Aun estamos desprovistos de normativa específica que lo regule, por lo que los expertos en derecho laboral tienen un campo de trabajo que deberán zanjar con rapidez antes que las dificultades se presenten en la práctica, sobre todo para evitar la desprotección de los trabajadores que adopten esta modalidad.

Esta contingencia desagradable, nos da también la posibilidad de avanzar en esa dirección, de aprovechar la coyuntura propiciada por el COVID-19 para iniciar el análisis y la discusión de un texto legislativo que establezca el teletrabajo como una nueva categoría jurídica contractual.

Por ahora, la mayoría de las pymes se resiste al trabajo remoto, desconfía de la productividad y la disciplina de sus trabajadores, ve con escepticismo la digitalización. Sólo el 39% de las empresas confía en el teletrabajo, el 61% restante no lo ve tan claro, recela de las posibilidades de controlar fehacientemente a sus empleados. Es lógico el temor e indiscutible que la modalidad requiere que los trabajadores tengan determinadas aptitudes: como ser organizados, cumplidores y centrados en los proyectos, que estén dispuestos a una comunicación permanente y reuniones periódicas a través de las plataformas indicadas por la empresa, entre otras herramientas disponibles.

La Organización Internacional del Trabajo también destaca el teletrabajo al sindicarlo como una opción que incrementa la satisfacción personal de los empleados, porque los libera del trajín diario de tener que recorrer distancias moviéndose de sus casas y encontrar con más facilidad el equilibrio entre la vida privada y la laboral. Mientras que a los empleadores, les posibilita ahorrar dinero y tiempo.

Lo importante es que en este contexto tristemente extraordinario, nos adaptemos y exploremos nuevas alternativas y que estas opciones novedosas, que en principio abrazamos como una variable para transitar la necesidad, nos dejen un aprendizaje, que podamos capitalizar la experiencia y el dolor, que tomemos conciencia sobre la importancia de contar con herramientas digitales para gestionar más allá de las catástrofes o las pandemias. Si saldamos ese paso, habremos aprendido y podremos sacar algo positivo de todo lo malo que nos está pasando, si no lo hacemos, habremos desaprovechado una gran oportunidad.

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