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Alguien se lo tiene que decir

Instrucción Cívica se llamaba la materia, allá lejos y hace tiempo la teníamos en la primaria y en la secundaria. Luego fue mutando los nombres, fue Educación y Construcción de la Ciudadanía, Formación Ética y Ciudadana, pero siempre estuvo, siempre fue un espacio curricular básico en la educación de los argentinos, aunque parece que Hebe de Bonafini, presidenta de la Asociación Madres de Plaza de Mayo, la reprobó.

Hebe, Hebe, Hebe, una y otra vez Hebe, y todos perdonando sus intolerancias por lo que representa, por su dolor, por su historia y por lo que significó para nuestra propia historia la lucha de Madres. Pero la verdad es que alguien le tiene que explicar a la señora Hebe de Bonafini que la tolerancia es consustancial a la democracia, que sin tolerancia son inconcebibles el diálogo, el pluralismo y la representación política. La democracia es tolerancia señora Hebe, como valor democrático, como método fundamental para la solución de las controversias, como precepto moral.

No se les habrá pasado por alto que la señora Hebe escribió y subió a sus redes una carta abierta al Presidente, en la que expresó su “dolor” por las reuniones que el primer mandatario mantuvo con quienes “explotan” a los trabajadores y fueron responsables del “secuestro” de sus hijos durante la última dictadura cívico militar. "Nos sentimos agraviadas y heridas en lo más profundo de nuestro corazón, al ver que usted sentó en su mesa a todos los que explotan a nuestros trabajadores y trabajadoras, y a los que saquearon al país. Y lo más grave de todo: a los que secuestraron a muchos de nuestros hijos e hijas que luchaban por una patria liberada", dice la carta de Bonafini.

Ante semejante misiva, Alberto Fernàndez le contestó que “su enorme responsabilidad” es ser “el Presidente de todos los argentinos” y que entiende “el ejercicio de la política como el instrumento que nos permite cambiar la vida de nuestro pueblo”, razón por la cual su Gobierno “trabaja todos los días para ello y cree en el diálogo para poder avanzar” en ese sentido. "Ustedes saben muy bien que en la mesa de este Presidente se sienta gente de empresas grandes, medianas y pequeñas, trabajadoras y trabajadores, movimientos sociales, estudiantes, jóvenes, nuestros científicos, todos y todas, porque esa es mi responsabilidad", concluyó el Presidente.

Obviamente, el tenor de las palabras de Bonafini agitó las aguas, sobre todo en el oficialismo, y disparó miles de lecturas y conjeturas políticas, que no queremos traer a cuento en estas líneas porque ameritan otro universo de análisis. Para el propósito que abrigan estos párrafos, alcanza con consignar que a las repercusiones y el fuego cruzado sumó su aporte el exministro de Planificación Federal Julio De Vido, coincidiendo “absolutamente con la nota de las Madres”. A él le contestó Juan Grabois: "No sé cómo te da la cara. Con varios de esa foto te juntabas a hacer negocios. Por tipos como vos, Macri llegó a presidente". Citamos estos dos cruces para ejemplificar el calibre de las secuelas que provocó la nota de Bonafini.

Es inconcebible escuchar en democracia aseveraciones como las de la presidenta de Madres, mucho más por tratarse precisamente de quien sufrió en carne propia las consecuencias más extremas del pensamiento único. Es contradictorio que alguien se transforme en lo que rechaza. La valoración despectiva hacia el que piensa diferente, la intransigencia hacia cualquier forma de disidencia, sentir “agravio y dolor” por un diálogo, es una muestra de intemperancia.

La tolerancia señora Hebe de Bonafini, es constitutiva de la democracia, es parte de la familia de valores, principios y prácticas que sostienen su estructura junto con la libertad, la igualdad política, el pluralismo, el diálogo, la participación, el principio de mayoría y los derechos de las minorías. Sólo la tolerancia puede asegurar la convivencia social y política civilizada, sólo la tolerancia puede garantizar que nunca más volvamos a vivir experiencias autoritarias que ennegrecieron nuestro país y que usted sufrió con lo más doloroso que le puede pasar a un ser humano.

Alguien se lo tiene que decir, señora Hebe de Bonafini, su “agravio” y su “dolor” no son constructivos, ni tolerantes, ni democráticos. Y la tolerancia, señora, es una obligación ética, porque como sostenía el jurista, filósofo y politólogo Norberto Bobbio, “no se puede ser intolerante sin ser fanático”.

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