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Algo es algo

No les cabe toda la responsabilidad, sería injusto decir que tienen que hacer toda la tarea solos, pero no menos cierto es que pesa sobre la política y los políticos una obligación mayor, porque están ahí por motus propio, porque han decidido ocupar ese lugar para contribuir a transformar la realidad, al menos es lo que todos indican, palabras más, palabras menos, en campaña.

No les cabe toda la responsabilidad, sería injusto decir que tienen que hacer toda la tarea solos, pero no menos cierto es que pesa sobre la política y los políticos una obligación mayor, porque están ahí por motus propio, porque han decidido ocupar ese lugar para contribuir a transformar la realidad, al menos es lo que todos indican, palabras más, palabras menos, en campaña. Por eso, no les cabe toda la responsabilidad, pero sí la mayor responsabilidad. De la política y los políticos dependen las decisiones a gran escala, por ende, el reclamo siempre apunta y apuntará contra ellos.

“Gajes del oficio”, o “si te gusta el durazno bancate la pelusa”, como decían nuestros abuelos, es así, a la clase dirigente le corresponde tener un estándar superior al de la media a la hora de repartir responsabilidades. Siempre nos dicen que no es una profesión, que lo suyo es “sensibilidad social” y “vocación de servicio”, deseo ferviente de “trabajar por el bien común” y demás etcéteras. Pues bien, en contextos de urgencias y emergencias como el que atravesamos, que ha exigido la toma constante de decisiones importantes en el último año y monedas, es donde queda al desnudo, de manera árida y brutal, toda la sensibilidad e insensibilidad social de la que son capaces. Y, lamentablemente, a muchos les aflora con mayor nitidez la segunda por sobre la primera.

Tal vez, tanta mala noticia y tanto tema peliagudo por resolver, les ha ido mellando la empatía. Craso error en tiempos de tanto sufrimiento y dolor, en los que, por el contrario, tendrían que hacer un esfuerzo por incrementar ese sentimiento de identificación con el prójimo. Está estudiado que cuando las situaciones dramáticas, dolorosas y terribles vienen en avalancha, la capacidad de empatizar empieza a disminuir. Nuestro cerebro, al que de por sí le cuesta procesar imágenes impactantes, empieza a naturalizar a fuerza de repetición, entonces, lo que antes nos sacudía y activaba nuestra solidaridad casi de manera instantánea, comienza a ceder por fatiga. Sería una especie de cansancio de compasión, que va limando la capacidad de articular una respuesta empática. Un cansancio que de ninguna manera puede ni debe permitirse la política, nunca, jamás.

La empatía en tiempos de pandemia es fundamental, la empatía y no perder la sensibilidad de los finos equilibrios, muy complicados por cierto y, en situaciones de tanta emergencia, con márgenes de error mínimos. Esa sensibilidad y ese equilibrio se reparte entre lo discursivo y lo actitudinal. Importa todo, lo que digan y lo que hagan, cómo digan lo que digan y cómo hagan lo que hagan, todo está bajo la hiperestésica lupa social.

Para mencionar un ejemplo de lo que socialmente es percibido como una medida no empática o insensible, alcanza con mencionar las restricciones que están a punto de concluir. Medidas que fueron para la ciudadanía, pero sin que mediara un esfuerzo sensible desde la política. Se determinó una restricción comercial en la que sólo tenían permitido trabajar los rubros esenciales, los demás, que ya vienen sufriendo las consecuencias económicas en sus bolsillos desde hace más de un año, no tenían permitido abrir sus puertas. Muy distinto hubiese sido si esas restricciones, venían acompañadas de la sensible solidaridad política, si adjuntaban a la medida un aporte especial, un ATP emanado de los salarios políticos.

Tal vez el en cifras era una contribución mínima, insignificante, total y absolutamente irrelevante, pero el gesto hubiese sido de la talla de la empatía que la sociedad espera de la política. No importa en este caso si sirve o no sirve, si soluciona algo o no, importa el gesto hacia el que la está pasando mal y, sobre todo, importa el ejemplo. Un acto de esta naturaleza, abriendo el bolsillo propio, es una manera de demostrar que todos estamos dispuestos a la solidaridad, no solo desde lo declamativo, que todos estamos dispuestos a aportar un grano de arena.

A esta altura no necesitamos más palabras grandilocuentes, no queremos que nos den más filípicas sobre la salud y la responsabilidad social que nos compete. Sabemos que depende de todos, pero necesitamos también la actitud empática, la sensibilidad de la política,la demostración en hechos de que, como servidores públicos, están dispuestos a conceder algunos centímetros de sus holguras económicas y sus comodidades salariales en pos de los que la están pasando mal. No es mucho, pero algo es algo y es mejor que nada.

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