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Después no se quejen...

Hemos llegado hasta hoy piloteando entre tormentas, pero el escenario que dejará la post-pandemia, es literalmente diferente a cualquier otro que hayamos atravesado.

Lo única eterna certeza en Argentina es que, sin importar quién esté en el poder, no propiciará ningún consenso, no ha lugar. Sin importar de qué signo político se trate, el que ocupe el sillón, ubicará su dedo índice en dirección a la oposición, para señalar a los culpables de todos los males que nos aquejan, usará a “los otros” como paraguas protector, para evitar que la responsabilidad, lo salpique.

La palabra consenso ha sido borrada de nuestro diccionario político hace décadas y arrastramos sus consecuencias mandato tras mandato, sólo que ahora, en este nuevo contexto, si no hay consensos, si no pueden construir un mínimo de coincidencias básicas con objetivos concretos en el corto plazo, seguramente vamos a ir a parar al mismísimo fango cloacal.

Hemos llegado hasta hoy piloteando entre tormentas, pero el escenario que dejará la post-pandemia, es literalmente diferente a cualquier otro que hayamos atravesado. No habrá lugar para el ensayo, el juego de prueba y error es inviable con una caída del PBI estimada entre el 12 y el 15%, con uno de cada dos argentinos sumido en la pobreza, con una tasa de desocupación galopando en la estratósfera, con una inflación achatada por la recesión a punto de estallar en cualquier momento, con una situación social insostenible, un Estado quebrado y endeudado y sin posibilidades de acceder a ningún tipo de financiamiento.

Si en este contexto no son capaces de ver que, o se juntan o nos vamos de trompa al fango cloacal y nos llenamos de eso que contiene ese líquido apestoso, estamos mucho peor que todo lo peor que imaginamos. Es ahora, es ya, necesitamos que se junten, que unos y otros dejen de lado sus planteos, sus críticas, sus mezquindades, sus aspiraciones, tienen que juntarse en el disenso y construir consensos, tienen que armar un plan. Tienen que estar dispuestos, por una vez, a la grandeza de ceder, ceder para ganar, para que ganemos todos.

Y tienen además que saber que, aun así, aun estando dispuestos a juntarse, ceder y consensuar, no van a ver los resultados, porque para sacar Argentina de semejante atolladero, vamos a precisar varias generaciones. Pero eso sí, si no se juntan, no hay futuro posible, es simple, digan lo que quieran, hablen, discurseen, señálense los unos a los otros, fantaseen con posibilidades electorales, construyan castillos en el aire, no hay futuro.

Tienen que empezar por algo tan básico como tomar la decisión de juntarse. Después tienen que ser capaces de compartir un diagnóstico y recién ahí empezar a pensar en caminos posibles para comenzar a reconstruir. Hablar, escuchar, avanzar, retroceder, ceder, siempre poniendo como prioritario el bien común. ¿Es tan complicado? ¿Podrán correrse por una vez de sus apetencias personales, olvidarse de las urnas, de sus expectativas? ¿Podrán bajar el índice, dejar de señalar culpables y pensar en Argentina? ¿Podrán poner por encima de sus intereses particulares y partidarios el destino de la nación?

Además, si alguno durante su gestión quebrantó la ley, que dé cuenta de sus actos ante la justicia, una justicia que deberá transformarse en transparente e irreprochable para garantizar las condiciones básicas necesarias del sistema democrático. Eso nos incluye, porque los medios informamos, no aplicamos el derecho, ni deberíamos arrogarnos la potestad de juzgar a nadie, nosotros también tenemos nuestras materias pendientes en la suma de los consensos prioritarios.

Si no somos capaces de comprender y asimilar íntegramente la trascendencia de la situación en la que nos encontramos, si no somos capaces de estar a la altura de las circunstancias que impone la gravedad de lo que se nos viene, si no somos capaces de reaccionar a tiempo, después, cuando nos hayamos ido de trompa a los fluidos cloacales y vean lo que les flota alrededor, no se quejen, en todo caso será lo único que pudimos construir.

Le corresponde a Alberto Fernández, por estar a cargo del gobierno, dar el primer paso, llamar al diálogo y proponer una agenda preliminar para discutir. Le corresponde a la oposición sumarse al desafío, asumir el rol histórico sin pensar en otra cosa que contribuir al bien común. Y nos corresponde a nosotros, los ciudadanos, exigir que lo hagan, reclamar consensos e interpelarlos en caso de que no estén dispuestos a trabajar por el futuro de esta nación.

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