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Al trigo las lluvias le faltaron pero la genética y la fertilización hicieron lo suyo

"Cuando entramos con la máquina al lote nos sorprendimos", dice Víctor Correa, productor del Establecimiento La Emilia, en el partido bonaerense de Olavarría.

¿Las razones? Genética y fertilización. “Es la primera vez que sembramos el Baguette 802 de Nidera. Habíamos escuchado de sus buenos resultados pero no imaginamos estos rindes en una campaña con tan pocas lluvias”, sostiene, y agrega que la clave del manejo fue aportar los nutrientes necesarios para cada etapa.

Según la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, a nivel nacional, la campaña de trigo cerró con 18,8 millones de toneladas, apenas un 1% por debajo del récord histórico del ciclo pasado. En materia de rindes, el déficit hídrico hizo que el promedio alcanzara los 2.920 kg/ha, algo menos que los 3.120 kg/ha de la campaña 2018/19. En este contexto, los 8.020 kg/ha obtenidos por Correa en el campo ubicado a la vera de la ruta 226 resultan llamativos. Más aún en un lote cuyo promedio histórico arroja 5.100 kg/ha.

El Baguette 802 es una variedad de calidad 2, vernalizadora, con requerimientos de frío y alto potencial de rinde en siembras de entre el 25 de mayo y el 20 de junio en el sur de Buenos Aires. Se trata de uno de los materiales líderes de Nidera Semillas, con el que apuesta a continuar aportando grandes resultados en los campos argentinos.Correa siembra entre 300 y 400 hectáreas de trigo cada año en el campo que, según la carta de suelos del partido, se encuentra ubicado en una franja catalogada como clase A.

La variedad fue sembrada el 5 de junio en un lote con antecesor de soja de primera. Para acompañar el potencial genético y del lote, la estrategia de fertilización fue por etapas, sincronizando el aporte de nutrientes a la demanda del cultivo. Así se aplicaron 100 kg de urea a la siembra y 175 kg al macollaje. En materia sanitaria, apenas vieron la aparición de roya aplicaron un fungicida con poder residual para estar cubiertos. “La estrategia es esa para todos los lotes: apenas vemos algo, aplicamos. Es casi una norma en La Emilia”, resalta.

Este año el límite lo puso la disponibilidad de agua. Si bien la primera mitad del 2019 había terminado con más de 500 milímetros llovidos, para agosto esa tendencia había frenado, y en todo el ciclo cayeron sólo 140 mm.

Teniendo en cuenta ese panorama, “en las recorridas el equipo estimaba unos 6.000 kg/ha, el máximo rinde que habíamos logrado alguna vez en ese lote. Por eso, a la hora de meter la cosechadora el asombro fue mayor. Estamos más que conformes”, comenta.

Correa es administrador del establecimiento que pertenece a la familia desde 1937 y trabaja asesorado por un ingeniero agrónomo de la zona. Además de llevar adelante un cuidadoso manejo de los cultivos y sus estrategias de protección, en La Emilia se plantearon apostar a la innovación pensando más allá de la rentabilidad: “Hacemos la rotación que corresponde, el análisis de suelo pertinente y la fertilización que corresponde. Después el campo responde de esta manera y está a la altura”, reflexiona el productor.

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