Editoriales |

Al borde del siglo

Nosotros somos ustedes y ustedes son nosotros, por eso y sólo por eso, es que llegamos a los 97 años. Estamos ya al borde del siglo de vida y semejante trayectoria de periodismo, se logra con trabajo, con esfuerzo, pero sobre todo con el apoyo de cada uno de ustedes, nuestros lectores.

Dicho esto, podemos hablar de todo lo demás, del empeño por sacar adelante una empresa, atravesando contra viento y marea todas las contingencias tan habituales en nuestra querida tierra, de los infinitos cambios y vicisitudes empresariales y societarias que también han atravesado nuestra historia, de los sucesivos retos que La Reforma ha superado con creces consolidando un sitio destacado en la provincia, tanto que, a esta altura, podemos decir que somos los padres del periodismo pampeano.

Los aniversarios sirven, además de para contar los años, para hacer balance, para mirar atrás y ver la huella que vamos dejando, el camino recorrido y, sobre todo, para no olvidar el legado de los que soñaron con que esta empresa prospere y empujaron del carro para que así sea. Los aniversarios sirven para recordar quienes somos, de dónde venimos, cómo nacimos y cómo crecimos, para repasar las páginas de casi un siglo en el que a través de nuestras letras hemos sido testigos privilegiados de la evolución y el crecimiento de nuestra pampa.

Los aniversarios sirven también para reencontrarnos con nuestras raíces, para volver a mencionar y reconocer a nuestra gente, sobre todo a aquellas personas a la que le debemos gran parte de lo que somos, como a Pepe Matilla, un personaje fuera de lo común, un visionario, un idealista y un batallador, con un coraje a prueba de cualquier desafío. El Pepe asumía riesgos, se cargaba al hombro los que fuera y a letra pelada daba batalla contra todo lo que se interpusiera si del progreso de General Pico se trataba. Un visionario, un autodidacta que se transformó de lustra botas en periodista y de periodista en un maestro de la profesión.

La vida no le alcanzó para llegar a ver la transición que se avecinaba, pero si hubiese estado, ya habría aprendido los secretos de esta nueva era tecnológica y se hubiese reinventado, como lo hizo siempre, ante cada reto. Hubiese sido el primero en aceptar e impulsar la transformación, simplemente porque estaba un paso adelante, como todo visionario.

Él ya no está, y nosotros estamos transitando el arduo camino hacia la transformación digital y defendiendo nuestra tradición de papel, porque a contrapelo de muchos de los paradigmas de la época, los diarios siguen demostrando que ocupan un lugar de importancia y probando en cada edición, mediante el ejercicio del mejor periodismo, el compromiso, el pluralismo y el valor del apego a la verdad.

Nacimos cuando General Pico transitaba sus primeros años de vida, cuando esta ciudad era apenas un pueblo que gateaba sus primeras páginas de historia. Crecimos juntos, marcando palmo a palmo el ritmo del desarrollo, vimos su progreso, su pujanza, acompañamos cada una de sus etapas, nuestro rio de letras entintadas corrió junto al trabajo incansable de nuestra gente, empujando su esfuerzo infatigable por hacer grande la ciudad.

La Reforma estuvo, está y estará en cada rincón de General Pico y de La Pampa, en cada uno de sus proyectos, en cada una de sus inquietudes, defendiendo siempre el derecho a la información, a la diversidad de opiniones, al debate y la libertad de expresión, reafirmando su compromiso con el periodismo de calidad. Por eso La Reforma es uno de los símbolos del periodismo pampeano.

Llegamos hasta los 97 con la misma convicción de nuestros inicios, con la responsabilidad de saber que cada día, al reflejar la realidad, estamos también escribiendo la primera versión de la historia y aportando un grano de arena para contribuir, desde nuestro lugar, al futuro. La libertad, la pluralidad, el respeto y el compromiso con nuestra gente han sido nuestro faro.

Al borde del siglo de vida, les decimos gracias a nuestros lectores y gracias por tanto a nuestro General Pico y nuestra querida Pampa.

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