Editoriales | Daniel Scioli | Congreso Nacional

Además de ser hay que parecer

Tal como sentencia la antigua frase, “no sólo hay que ser, sino parecer”. La historia cuenta que el enunciado salió de la boca de Julio César en referencia a su esposa Pompeya, de quien se separó por las apariencias de infidelidad, aún estando convencido de que ella no había cometido ningún engaño o sacrilegio. Desde aquellas épocas inmemoriales la frase del emperador ha rodado hasta la actualidad como un paradigma de la conducta que se debe exigir a quien ocupa un cargo de respondabilidad en la sociedad, aunque lamentablemente no ha hecho carne en todos los que debería.

Las muestras de qué poco nos importa la simetría entre el ser y el parecer sobran en nuestros anales legislativos, tuvimos la última con la presencia de Daniel Scioli sentado en su banca del Congreso Nacional dando quorum cuando ya se ha mostrado cumpliendo funciones relativas a su nuevo cargo como embajador argentino en Brasil, aunque, según alegó, aún no fue formalizada su nueva función.

Si tal como indica el oficialismo, no hay nada cuestionable en la presencia de Scioli dando quorum porque la designación no fue formalizada, porque tampoco había presentado su renuncia ante la Cámara de Diputados al momento de la sesión; si, pese a que su designación ya estaba aprobada en el senado, estaba perfectamente habilitado para ocupar su banca, pero su aparición significaba plantear un conflicto y generar un gris, la pregunta es para qué hacerlo, por qué no optar por no dejar dudas, por qué no evitar el conflicto en vez de encender la llama de la controversia y sembrar un mar de sospechas en un tema que ya de por sí genera un gran revuelo. Por qué alentar problemas pudiendo evitarlos, por qué no ser y parecer.

Esa vieja costumbre de transitar en el delgado hilo de los grises innecesarios forma parte de nuestra historia. Bien cerquita tenemos el amague de la que pudo ser una maniobra sin presedentes en pos del quorum que sirve de ejemplo. Recordarán la aprobación de la Ley de Solidaridad Social en diciembre pasado, cuando la oposición insinuó que no ocuparía sus bancas y el oficialismo dejó trascender que lograría el quorum para tratar el paquete de leyes usando una estrategia muy amañada. En esa sesión estaba previsto que asuman los reemplazantes de los 23 diputados que habían renunciado para asumir cargos en el gabinete nacional y en los gabinetes provinciales, sin esos 23 diputados y sin la presencia de Juntos por el Cambio, el Frente de Todos no tenía manera de alcanzar el quorum que necesitaba, entonces dejó trascender la posibilidad de que varios funcionarios como Felipe Solá, Daniel Filmus y Victoria Donda, renunciaran a sus funciones en el Ejecutivo nacional para volver momentáneamente al Congreso, donde aún no se había aprobado su renuncia. No pasó, pero casi y de haberse concretado hubiese sido un gran escándalo. Algo quedó claro, estaban dispuestos a todo para lograr que el paquete de leyes avance.

Lo mismo ocurrió durante el Gobierno de Macri en 2017 cuando el entonces oficialismo quería aprobar la reforma previsional y optaron por sentar a dos legisladores electos que aún no habían jurado. Astrid Hummel y Jorge Enríquez, ambos reemplazaban a otros legisladores y negaron terminantemente haberse sentado en las bancas para lograr el quorum, pese a que varios aseguraron que así había sido y amenazaron con pedir las filmaciones de las cámaras de seguridad para demostrarlo. Finalmente, no lo hicieron, pero fue una truchada.

Una truchada tan trucha como la del tristemente famoso “diputrucho” ¿lo recuerdan? Juan Abraham Kenan fue el trabajador del Palacio Legislativo que jamás fue electo legislador, pero ocupó una banca en 1992 y dio quorum para que se trate el marco regulatorio para privatizar la entonces empresa Gas del Estado. Kenam entró sigilosamente, se sentó en la banca del diputado radical Miguel Marcoli y con solo apoyar la cola activó el sensor del asiento que identifica el momento en el que se obtiene el quorum para iniciar la sesión, cuando fue advertido ya era tarde, la truchada había surtido efecto. Después vino la denuncia y la creación de una comisión parlamentaria para investigar lo sucedido, y todo quedó en la nada porque nunca se aplicaron sanciones.

Tan gratis fue que Kenan volvió a ocupar una banca en el Congreso en la sesión que permitió la ampliación de los miembros de la Corte Suprema usando exactamente la misma estrategia. La única diferencia es que en la primera oportunidad concretó la maniobra para el diputado peronista Julio Manuel Samid y en la segunda para José Luis Manzano.

Si la presencia de Scioli no iba a cambiar ningún resultado, si daba igual que estuviera a que no, para qué dejar dudas y generar un escándalo. Si no hubo nada amañado en el hecho de que ocupe su banca, la decisión fue desacertada, porque la percepción generalizada hoy es exactamente lo contrario y en el subconciente de la mayoría queda, como mínimo, la duda. Ojalá algún día aprendan, como nos legó Julio César, que además de ser hay que parecer.

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