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Adaptarse es la única posibilidad

Nos tendremos que reinventar, no queda otra, esta crisis es temporal, va a pasar como tantas otras, pero el mundo que dejamos atrás hoy no existe más

Nos tendremos que reinventar, no queda otra, esta crisis es temporal, va a pasar como tantas otras, pero el mundo que dejamos atrás hoy no existe más, no volverá y por eso nos tenemos que empezar a preparar para una nueva realidad. Tal vez mejor, tal vez peor, realmente no importa, lo único ineludible es que será distinta y que va a necesitar toda la capacidad disponible de nuestro Coeficiente de Adaptabilidad.

Ya lo había explicado el filósofo y sociólogo polaco Zygmunt Bauman, cuando acuñó el concepto de modernidad líquida para describir el mundo contemporáneo en el que se han desvanecido todos los parámetros de solidez que antes caracterizaban nuestra realidad, hoy marcada por la precariedad, el ritmo cambiante e inestable, la celeridad de los acontecimientos y la dinámica agotadora. Fueron más de cinco décadas de predicar sus verdades a los cuatro vientos, de asegurar que el trabajo no dignifica, que la sociedad de consumo ha acabado con nuestra identidad, que la ha hecho voluble, líquida, que la necesidad de adaptarse a los entornos nuevos era cada vez mayor, que la felicidad ha dejado de ser un proyecto común para convertirse en individualismo y que la modernidad ha dejado tras de sí un montón de residuos humanos.

Seguramente ahora lo entendemos en toda su dimensión, seguramente ahora, con el mundo paralizado por una crisis epidemiológica sin precedentes entendemos qué nos quería decir, de qué hablaba cuando advertía con notable lucidez, hacia dónde estábamos yendo.

Ahora que ya estamos acá, vamos a tener que asumir como nunca antes esa realidad líquida que Bauman describió, y vamos a necesitar disponer de toda la capacidad de nuestra habilidad de adaptación para reinventarnos. Tradicionalmente, cuando se pretendía evaluar una persona, se media su Coeficiente Intelectual aplicando una serie de pruebas que evalúan determinadas capacidades. Hace más de dos décadas, comenzó a correrse el eje para dar paso al Coeficiente Emocional o Inteligencia Emocional, habilidad que pone en juego nuestras emociones, la aptitud personal de expresarlas, autorregularlas y relacionarnos con los demás. A estos conceptos se sumó hace menos tiempo el del Coeficiente de Adaptabilidad, considerado clave para sortear cambios y nuevos desafíos.

El Coeficiente de Adaptabilidad representa un conjunto de cualidades que describen nuestra plasticidad para cambiar en un nuevo entorno de manera rápida y también para hacerlo de forma reiterada. Implica también la capacidad de absorber nueva información, de resolver lo que es relevante, de desaprender conocimientos obsoletos, hacer el esfuerzo conciente para cambiar, ser flexible y dúctil, de aprovechar al máximo nuestra neuroplasticidad cerebral.

De las pocas certezas que aporta el nuevo escenario mundial, revuelto, inestable e incierto, una es que vamos a precisar al máximo un coeficiente de adaptabilidad super desarrollado como condición para absorber todos los cambios que se nos vienen, para poder sortear todos los problemas que tendremos que superar y ser sumamente flexibles e innovadores, porque muchos no volveremos a nuestra habitualidad, ni aun cuando se hayan superado los primeros escollos.

Nos va a costar mucho, porque todo cambio genera resistencias, es lógico que nos neguemos a haber perdido mucho de lo que constituía nuestra habitualidad hasta antes de la pandemia, pero va a ser así, esto no admite vuelta atrás en muchos aspectos. El Covid-19 nos empujó hacia lo incierto en un abrir y cerrar de ojos, no pudimos elegir, aquí estamos, así estamos y adaptarse es la única posibilidad, es eso o la nada.

Nos tendremos que reinventar, no queda otra. Esta vez el “mejor malo conocido que bueno por conocer”, no va a dar resultado, no hay resistencia al cambio posible, todas las certidumbres quedaron enterradas en el pasado, así que empecemos a ejercitar nuestro Coeficiente de Adaptabilidad para seguir, para salir, para sobrevivir.

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