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Necesitamos un plan

Si tuviéramos que graficar el país, podríamos hacerlo a través de miles y miles y más miles, sentados, esperando y tamborileando los dedos en actitud preocupada y expectante. Estamos esperando que arranque, que la economía salga del estado de paralización, que pase algo que ponga a rodar el país. Ya escuchamos y entendimos que hay un plan pero que no pueden ni quieren develarlo hasta que no cumplan con la renegociación del acuerdo con el FMI y reestructuren la deuda. Ya escuchamos y entendimos que no se pueden hacer anuncios sin una base sólida y cierta claridad sobre los compromisos que tendremos que asumir. Pero la verdad es que la inmovilización de la espera empieza a socavar la confianza y eso, antes o después, va a causar estragos.

¿Cuánto tiempo puede transcurrir la vida de un país sin un horizonte cierto, cuánto se puede sin saber cómo y con qué herramientas piensan poner en marcha la economía, cuánto se puede sin un plan, cuánto? El reloj corre, el tiempo apremia y la paciencia está llegando a su fin.

Para colmo de males, las cifras no ayudan, este enero fue el peor de los últimos diez años y las proyecciones más benévolas anticipan que cuando finalmente el ministro Guzmán pueda arreglar el enorme embrollo de la deuda, la salida del proceso recesivo va a ser lenta, muy lenta, tanto, que los ciudadanos de a pie vamos a tardar mucho en percibir los beneficios. Para colmo de colmo de males, la oferta a los acreedores se presentará entre la segunda y la tercera semana de marzo, es decir que hasta que definan con los tenedores privados de títulos, vamos a tener que atravesar todo el mes en curso sin novedades. Sobre llovido, mojado.

La actividad económica cayó en 18 de los últimos 20 meses, por ende, nadie quiere mover un dedo, nadie se anima a tomar un riesgo, nadie, y es lógico. Los que producen, los que construyen, los que venden están preocupados por la magnitud de la recesión, nadie se atreve a arriesgar un centavo porque no se sabe qué puede venir, en semejante contexto quién va a ser el osado que se anime a contratar personal o a invertir.

La industria retrocedió los últimos 19 meses, la construcción lleva 17 meses consecutivos para atrás, el comercio mayorista y minorista ha ido en caída libre en el mismo período, el negocio inmobiliario está estancado y la actividad agropecuaria, la única que medianamente se salvó de semejante vendaval, empezó a declinar en diciembre. Y ahora que, ahora esperamos, esperamos porque todavía no pueden anunciar nada, entonces esperamos quietitos la renegociación, la reestructuración y la reactivación.

La pregunta del millón es cuánto tiempo más el gobierno de Alberto Fernández va a poder sostener la situación, frente a propios y ajenos, porque el tiempo de gracia que se le concede a toda nueva administración en su etapa inaugural, está llegando a su fin y el estoico aguante de los argentinos empieza a alejarse de la apacibilidad, ya hay mar de fondo.

Sin intención de pasar por agoreros, hay que advertir que desde el llano, al no vislumbrar un rumbo claro, lo que percibe el ciudadano común es cierto extravío, avalado por negociaciones para llegar a un acuerdo con el FMI y con los acreedores externos que no avanzan, medidas económicas que ya vivimos con resultados bastante inciertos en la macroeconomía, una reactivación que no aparece y una actividad económica petrificada.

Seamos sinceros, cuánto es posible mover una economía con planes como Precios Cuidados, Ahora 12, Tarjeta Alimentaria, incrementos salariales en cuotas fijas que no cubren los aumentos por inflación. Seamos realistas, son parches de corto plazo, un plan económico serio no puede basarse en programas como los enumerados, no es complicado darse cuenta que no estamos yendo a ningún lado.

Los argentinos no podemos seguir sentados, esperando y tamborileando los dedos, no podemos seguir expectantes aguardando que arranque la economía. Alberto Fernández no puede permitirse el lujo de dejar la política económica para más adelante, porque si no soluciona hoy es probable que no haya un más adelante. El estancamiento empieza a socavar la confianza y la paciencia, los argentinos ya no podemos esperar más, los argentinos necesitamos un plan.

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