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Argentina ya no puede esperar

Tenemos que dejar de hacer lo mismo una y otra vez, tenemos que intentar otros caminos, explorar nuevas opciones. Tenemos que reemplazar discursear y prometer por implementar. Tenemos que salir de la lógica del sube y baja, de las oscilaciones constantes. Tenemos que entrar de una vez en un proceso virtuoso. Tenemos que encauzar Argentina. No precisamos héroes ni hazañas, no necesitamos paladines ni estoicos, no nos hacen falta ni temerarios ni epopeyas. Necesitamos un rumbo común y lo necesitamos ya.

No es ninguna novedad que la pobreza y la desigualdad constituyen dos de nuestros mayores problemas, de la parva que tenemos. Tampoco lo es que para dar vuelta la ecuación es necesario incluir y producir, crecer y desarrollar. Mucho menos que la falta de un rumbo claro no es una “sensación”, llevamos décadas girando en calesita sobre nuestros problemas, por eso estamos en un punto de inflexión insostenible, desde lo social, desde lo económico y también, desde lo político. Así, no va más, así no estamos yendo a ninguna parte, así como vamos, que el último apague la luz, porque no hay futuro.

Los cuentos de hadas que hablan de un final feliz ya no nos hacen conciliar el sueño, entre otras cosas, porque llevamos muchos años yéndonos a dormir con las mismas historias y cuando nos despertamos del colorín colorado, no hay ningún resultado. Acuerdos básicos, credibilidad, proyecto común, consensos, certidumbre, inversión, producción, generación de empleo genuino, reducción de la pobreza. ¡Vamos! Si todos sabemos lo que necesitamos. ¡Vamos! Con semejante país, plagado de riquezas, cómo es posible que estemos como estamos. Las mismas preguntas, las mismas respuestas, las mismas estrategias, los mismos discursos, las mismas promesas, los mismos resultados. Una y otra vez, una y otra vez y entonces, de nuevo, vuelta a girar la misma rueda, a pasear por el mismo laberinto, a jugar a la historia circular, al eterno retorno.

Si el rumbo de Argentina estuviera claramente enunciado, si hubiera un compromiso real y tangible, con pautas establecidas de manera indudable, producto de un gran acuerdo nacional, seguramente otra sería la historia, seguramente esa hoja de ruta ya estaría empezando a mover el país hacia arriba, ya estaríamos comenzando a desandar el camino para salir del pozo.

Que es fácil de decir pero difícil de implementar, que no están dadas las condiciones o que no está el horno político como para proponer consensos, ha sido la gran excusa de las últimas décadas. Que si hubiera estrategias planteadas que permitieran delinear la punta del ovillo, sería viable, que, que, que. Digan lo que digan Argentina precisa una hoja de ruta y considerando la situación en la que nos encontramos, no estamos para muchas cavilaciones.

Planes para recuperar y reactivar la actividad económica hay muchos, muchísimos. Profesionales de distintas áreas, preocupados por nuestro país han planteado alternativas a lo largo de los últimos años. Discutir las diferentes opciones sería una posibilidad. El proyecto de Productividad Inclusiva desarrollado por la Facultad de Ciencias Empresariales de la Universidad Austral y el IAE-Business School es un ejemplo de las opciones que podrían discutir. Es una propuesta basada en trabajos académicos y en un análisis de las políticas públicas vigentes y de las posibles.

A groso modo el plan de Productividad Inclusiva propone potenciar el sector productivo de la economía poniendo como prioridad la capacitación y la creación de empleo para que la dinámica del crecimiento sea pareja y no suceda que los resultados macro terminen provocando más desempleo. En este proyecto, la creación de empleo es determinante para reducir la pobreza.

Mencionamos este ejemplo entre tantos otros, porque basan la propuesta en estudios recientes y en un muestreo realizado hace algunos meses con 571 empresarios, dueños o ejecutivos de empresas grandes, medianas y pequeñas, 80% nacionales y 20% extranjeras, que mostró que el 60% cree posible implementar el proyecto en cuestión en Argentina hoy, ahora. Aún con insuficiente apoyo oficial, el 32% ha encarado en los últimos años un proyecto similar a la productividad inclusiva. Es decir que, en una mínima escala, este plan está en marcha y lo que es más importante, funciona.

Pero supongamos que no lo consideran conveniente, que no les interesa, que no creen que sea viable. No hay problema, importa, es solo un ejemplo, una posibilidad entre muchas posibilidades. Lo que sí importa es que dejemos de hacer lo mismo, que establezcamos un rumbo común y arranquemos porque Argentina ya no puede esperar.

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