Editoriales | Accidente

Demasiadas vidas en juego

La secuencia se repite: accidente, víctimas, heridos, medios, preocupación, instalación pública, desaparición del tema hasta el próximo siniestro vial, momento en que la rueda vuelve a girar haciendo exactamente el mismo recorrido. Una y otra vez, una y otra vez, nos conmovemos, nos preocupamos y después, nada. Hasta que el asunto llega a mayores, porque el lapso que media entre una y otra desgracia es menor, o porque el número de víctimas y heridos es mayor, y entonces, pasa algo más, como ahora, que el Ministerio de Transporte decidió revisar la seguridad de los micros de dos pisos, unidades que, dicho sea de paso, están prohibidas en casi todo el resto del globo para hacer trayectos de larga distancia, precisamente por un tema de seguridad.

Obviamente el micro en sí no es el único tema que incide en un siniestro, hay que sumar el estado de la ruta, la responsabilidad del conductor, la de las empresas que obligan a sus choferes a salir sin las horas de descanso suficientes, entre otras variables. Sin embargo, el diseño de las carrocerías de los micros de doble piso ha estado bajo la lupa en más de una oportunidad y siempre por lo mismo: la inseguridad de la estructura al momento de efectuar maniobras bruscas o soportar los efectos de vientos laterales de gran magnitud. Esto no es nuevo.

Tampoco es nuevo que “revisen” el tema, como va a ocurrir a instancias del ministro de Transporte, Mario Meoni, que asumió que “muchos accidentes” podrían ser “el resultado de deficiencias tecnológicas o de diseño” de las unidades. Démosle la derecha en algo, recién llega y se va a ocupar, de modo que la imputación no le cabe, pero realmente, ¿hay que ser muy entendido para darse cuenta que una estructura como esa tiene deficiencias, que no puede resultar estable porque el centro de gravedad es alto? Un golpe de vista es suficiente para concluir que es peligroso.

Piense en esa estructura, con el mismo largo que un micro normal pero el doble de altura, circulando despacio, sólo a 90 km por hora, con vientos laterales y en una curva, con el mayor peso alojado en la parte superior donde están los pasajeros y mínimo en la inferior, donde se aloja el equipaje, advertir la peligrosidad es una cuestión simple de física.

Estas unidades consolidaron su aceptación en Argentina a partir de 1992 como consecuencia de la paralización del transporte ferroviario en casi todo el país, fue una respuesta a la necesidad inmediata de llevar más cantidad de pasajeros en una misma unidad, a lo que los empresarios del transporte sumaron su decisión de adoptarlos porque les aportaban mayor rentabilidad. Así tuvimos el combo perfecto para que se instalaran definitivamente hasta representar, como ocurre hoy, el 66% del parque vehicular de pasajeros de servicio público, lo que demuestra la aceptación de este tipo de estructuras, pese a todas las recomendaciones de los especialistas en seguridad vial que advirtieron las serias deficiencias de las unidades de doble piso.

Mucha agua ha pasado bajo el puente, una catarata de estudios de distintos organismos y universidades han analizado esas carrocerías. Arrancó el INTI en 2009 con un pormenorizado ensayo a través del Departamento Automotor que dio por aprobada la cualidad de seguridad del micro siempre y cuando superara el parámetro de 28 grados de inclinación para ambos laterales sin volcar o sin llegar a un equilibrio inestable. La UTN (Universidad Tecnológica Nacional) investigó también el índice de peligrosidad de las unidades de doble piso y concluyó que es de 0,30 muertos cada 100 millones de pasajeros-km, indicador que casi duplica el obtenido en los ómnibus convencionales, que dan un índice de 0,16. Hizo lo propio la UNCuyo (Universidad Nacional de Cuyo), y concluyó que ese tipo de unidades no son seguras al momento de efectuar maniobras bruscas o soportar los efectos de vientos laterales de magnitud, recomendando reducir su altura e incorporar puertas de emergencia laterales para mejorar los parámetros.

Lo cierto es que los micros de larga distancia de doble piso circulan por el país transportando unos 60 millones de pasajeros por año, demasiadas vidas en juego como para jugar a los devaneos. Demasiadas vidas en juego para dejar que la secuencia: accidente, víctimas, heridos, medios, preocupación e instalación pública, termine otra vez en la desaparición del tema hasta el próximo siniestro vial. Demasiadas vidas en juego como para que no pase nada.

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