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"A la casa.., a la casa..."

Así la señora que vive en el tercer piso de un edificio céntrico de General Pico “retaba” a cada una de las personas que pasaban por la calle, notablemente enojada, visiblemente molesta, seguramente frustrada ante la situación que a todos nos está tocando vivir. En una ciudad que estaba en silencio, sus palabras retumbaban como nunca antes y no podía (seguramente tampoco quería) disimular su indignación.

Está más que claro que hay que tomar medidas, que el quedarse en casa es un elemento indispensable retrasar la circulación del COVID-19, pero también tenemos que evitar que la situación genere una cacería de brujas, que alimente el odio y la intolerancia. Todo en equilibrio y en su justa medida. No podemos desconfiar de todo el mundo, del que cruzamos en el auto, del que va caminando, en bicicleta o en moto.

Hay que saber que aún en tiempos de Coronavirus hay gente que está autorizada a circular, porque cumple con alguna función social que así lo amerita. Hay gente que, aunque le gustaría estar en su casa, tiene que estar en la calle o en su lugar de trabajo, que sabe que el hecho de salir lo expone, a su persona y a la familia, pero no tiene demasiadas alternativas. Hay que hacerlo y basta.

Los periodistas salimos a las calles para informar, para que la sociedad sepa que es lo que está pasando, para mostrar con fotos cual es la realidad que nos toca vivir día a día, pero también hay gente que debe concurrir a una farmacia, o que es parte de los sistemas de salud, de las fuerzas policiales y están de “civil”, mucha gente que debe andar por las calles cumpliendo con su función, y eso no nos hace a todos “sospechosos” de despreciar la gravedad del problemas, y mucho menos pasibles de ser blanco de insultos e improperios.

Está claro que en ciudades como la nuestra ya no nos conocemos todos, y en ese marco está bien que nos cuidemos, pero tampoco nos envenenemos con odio o resentimiento frente a quienes, sin conocerlos, suponemos que están violando el aislamiento social dispuesto por el Gobierno Nacional.

Es verdad, si, que da bronca ver como algunos han elegido éstos días para hacer actividad física en las calles, hay quienes sin tener nada que hacer no se aguantan estar en las casas y quieren ir a ver a un amigo, a un familiar o a la novia, pero no dejemos que el odio nos gane, no terminemos en una pandemia de broncas. En todo caso, confiemos en las fuerzas de seguridad y en nuestra propia Justicia, que está deteniendo y demorando a más de 50 personas por día (promedio) por no respetar el Decreto del Poder Ejecutivo.

Por definición de la OMS, “la salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades», por lo tanto, hoy todos podemos decir que no tenemos buena salud, o que estamos enfermos, porque todos tenemos alguien a quien nos gustaría ver, abrazar o besar, pero no lo podemos hacer.

Por suerte la mayoría sabe hoy que cuando mejor hagamos las cosas en ésta coyuntura, menos va a durar este tiempo de aislamiento, y está bueno que nos respetemos, pero no nos vayamos al extremo de querer ajusticiar a cada uno de los que anda por la calle.

Tendríamos que relajarnos un poco, en el buen sentido de la palabra, no caer en la tentación de sacar el dedo acusador simplemente porque creemos, aunque no tengamos ninguna prueba, que el otro está cometiendo un delito. En todo caso, como ciudadanos responsables, demos aviso a las autoridades si creemos que eso está ocurriendo, pero nunca intentemos hacer justicia por mano propia, porque eso no es Justicia. En tiempos difíciles, hagamos el máximo esfuerzo para evitar cualquier tipo de violencia.

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