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A contrapelo

¿No vamos a contrapelo? ¿No tendrán razón los 40 médicos que firmaron la carta abierta dirigida al presidente Alberto Fernández cuestionando las políticas sanitarias ligadas a la pandemia de Covid-19? Porque, admitamos que es como mínimo incomprensible cómo entramos y salimos de las medidas restrictivas y convengamos que en la situación en la que nos han colocado con el encierro o semi encierro obligado, merecemos una explicación.

Repasemos: el 20 de marzo entramos en una cuarentena drástica con sólo 97 casos y 3 fallecidos en todo el país, la medida alcanzó a toda la Argentina. Fuimos saliendo cada provincia en función de nuestro estatus sanitario a expensas de la decisión de los gobernadores con autorización de Nación, pero con un control exhaustivo de los límites, sobre todo de aquellos que nos unen a otros distritos con mayor número de contagios, que en nuestro caso, son todos. El 17 de julio, ahora con 4.518 casos y 66 muertes diarias, anunciaron la salida de ese régimen estricto en el AMBA, la región más poblada del país y donde se concentran la mayoría de los miles de casos diarios.

Es decir, que relajaron las medidas en el mismísimo momento en el que la curva de contagios estaba en franco aumento, sin encontrar su techo y sin un solo indicio de que la tendencia podía llegar a revertirse en lo inmediato. Y claro, contradiciendo lo pronosticado por el ministro de Salud Ginés González, que el 8 de julio dijo que “en dos o tres días cambiará la tendencia”, y volvió a equivocarse, como ha ocurrido con la mayoría de sus predicciones.

Todo parece indicar que no somos nosotros los que no entendemos, son ellos que no se explican. Es ilógico, flexibilizan la cuarentena justo cuando la curva se ensancha hacia arriba y la flexibilizan no por razones epidemiológicas, sino por cuestiones económicas, las mismas que obviamente no consideraron cuando el 20 de marzo impusieron la cuarentena estricta. Ahora, con el aparato productivo destruido, miles de nuevos pobres y una montaña de familias que se quedaron sin trabajo y sin ingresos y recibieron el jaque mate a sus posibilidades de subsistencia, deciden “relajar” la cuarentena.

¿No tendrán razón los 40 profesionales pertenecientes a la Agrupación Epidemiólogos Argentinos Metadisciplinarios que rubrican la carta abierta dirigida al Presidente? ¿No estarán en lo cierto cuando advierten que las medidas de excepción impuestas generaron una serie de “efectos perjudiciales para la salud comunitaria”, tanto en la educación, el trabajo, la atención a la propia salud y la economía como también en el resto de las actividades que quedaron suspendidas por el aislamiento? Se puede acordar o disentir con lo que plantean, pero es innegable que sus señalamientos son absolutamente atendibles y no tienen respuesta. Con un punto concluyente a favor de su postura, no se quedan en la comodidad de la crítica, ofrecen públicamente contribuir ad honorem con el Gobierno para aportar sus conocimientos y experiencias profesionales en el campo de la salud, hecho que resignifica sus dichos.

El documento concluye con 16 preguntas dirigidas a Alberto Fernández, entre ellas: ¿Por qué se instrumentó una cuarentena para individuos sanos cuando no hay registro de tal restricción en la historia de la humanidad? ¿Qué criterios científicos y particularmente epidemiológicos se aplicaron para extender la cuarentena total a cinco provincias sin casos y a otras seis con uno o dos casos? ¿Cuál fue el argumento para que la cuarentena y las restricciones comenzaran en el mismo momento para toda la población en las veinticuatro jurisdicciones del país, si hay circunstancias incomparables para cada lugar, zona, región, población y actividad? ¿Cuál fue el argumento científico para que la cuarentena se estableciera el 19 de marzo, cuando en todo el país se habían detectado únicamente 128 individuos afectados con escasamente 3 defunciones atribuibles provisoriamente al SARS CoV 2?¿Por qué se desalentó a la población en prácticas que probadamente optimizan las defensas del individuo y de la comunidad, como la actividad física, permanencia al aire libre, los paseos saludables recreativos, etc., pudiéndose llevar a término todas ellas con adecuado distanciamiento social?¿Por qué se sometió a la penuria económica a familias y empresas que quedaron sin ingresos, aunque conservaron sus obligaciones impositivas y contractuales, hasta el punto de quedar a merced del asistencialismo, la devaluación de sus bienes y el quebranto?

Estamos en una situación crítica y sabemos que es sólo el principio, que esto se va a poner cada vez peor. No tenemos más remedio que apechugarla y volver a arremeter para salir adelante. Pero, como mínimo, nos merecemos una explicación, queremos saber por qué todo parece a contrapelo.

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