JUEVES 08 de Diciembre de 2022
 
 
Compartir
Twittear
 

Una sociedad golpeada

En los últimos tiempos hemos sido testigos de innumerables episodios que, sin lugar a dudas, han producido una profunda conmoción personal y familiar.

Muchos, por no decir la generalidad, muestran una tendencia a la violencia física y emocional, que se pone fuera del alcance del común de la ciudadanía, encontrarle una explicación.

Ahora estamos en las puertas de saber que movió a dos personas del mismo género, pero en pareja, para que volcaran su odio hacia un inocente niño que convivía -por su relación parental con una de ellas- bajo el mismo techo.

Estamos seguros que será difícil encontrar algo que nos conforme porque de ninguna manera podemos utilizar la palabra ‘justificar’ porque lo que se conoce a través de los informes médico-forenses, todo es injustificable.

En especial cuando las circunstancias que rodean al trágico final, están circunscriptas a una serie de relaciones que ponen de relieve una notoria alteración psicológica que conlleva a resolver situaciones intrafamiliares de la peor manera.

La Pampa, no es la primera vez que es sacudida por hechos que hablan de una sociedad que está -por supuesto que no toda, sino algunos sectores- vulnerada por las alteraciones que producen los flagelos que hoy están destruyendo los valores morales de una ciudadanía que encuentra salida a sus desvíos en la enajenación que -normalmente- padece con la ingestión de drogas de diversa naturaleza.

Esto sumado a otras perturbaciones que está padeciendo un sector importante de la ciudadanía -en especial los jóvenes adultos- se pone de manifiesto en dañar a otros -eligiendo normalmente los que se muestran indefensos y no comprenden- las desviaciones que mentalmente están sufriendo.

Uno se pone a pensar qué responsabilidad podía caberle a Lucio Abel Dupuy, un niño que naturalmente por su corta edad no comprendía -sino que sufría- lo que estaba sucediendo a su persona en un ámbito, en donde se debería presumir que todo tenía que ser amor y comprensión para él.

Será realmente importante, para entender lo sucedido, escuchar los argumentos que viertan los profesionales, psicólogos infantiles, psiquiatras, y grupos de carácter interdisciplinario que analizaron no solo las situaciones psicológicas de las autoras del crimen sino la perversidad a la que se llegó.

Es un tema extremadamente delicado donde todo se confunde y puede llevar a pronunciarse equivocadamente a quienes estamos consustanciándonos con los contenidos de un proceso en donde se acumulan las pruebas y los elementos que intentarán jueces, fiscales y abogados, desentrañar.

Escuchar y leer que ambas protagonistas del deleznable episodio que le costó la vida al pequeño Lucio, sostienen su inocencia provoca asombro. Mientras que los elementos probatorios que han trascendido, hablan de violencia, abuso y de un marcado desprecio por la vida, en una de ellas, hacia su propio hijo.

Difícil entenderlo. Surge una animosidad social incomprensible porque la víctima que soportó estas atrocidades -que han trascendido- se cometieron contra una indefensa criatura que puede ser el hijo, nieto, sobrino de cualquier ciudadana, ciudadano de La Pampa.

Pero creemos que más allá del resultado que surja de este juicio, se hace necesario comenzar a realizar un profundo análisis de nuestra sociedad. Algo está sucediendo, cuando a diario vemos que la vida humana ha perdido todo valor, que no existen más barreras para, decididamente matar.

También es importante advertir que han bajado las edades de quienes cometen estos crímenes. La ausencia de valores morales es total y esto nace de una inadecuada formación familiar y otros factores, entre ellos la droga, que hoy están marcando gravemente a la sociedad argentina.

No es un caso más. Sucede que el vértigo que nos produce vivir, desde hace mucho tiempo, con múltiples problemas socioeconómicos, con hijos que se alejan de sus afectos en busca de futuro, nos va haciendo perder noción de una realidad que hoy nos golpea con dureza, en la imagen de Lucio.

Es un severo llamado de atención. Estamos obligados a pedir que se investiguen los motivos y se elaboren normas y políticas tendientes a proteger a los que -por su edad e incapacidad para resolver- son las víctimas del mañana. 

Es nuestra obligación: nada debe quedar en el olvido. Tenerlo presente es ayudar a evitar que vuelva a suceder.
 

Escriba su comentario

Tu email no sera publicado.