MARTES 29 de Noviembre de 2022
 
 
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Una rara calma

En esta Argentina movilizante, que desde hace varios años viene siendo sacudida por las divergencias políticas y los notables disensos que no han hecho más que ahondar la profunda grieta que separa a gran parte de la sociedad, de golpe, se produce una extraña calma, que suponemos es la que precede a la ‘gran tormenta’.

Y no nos estamos refiriendo a la tradicional ‘tormenta de Santa Rosa’, de la cual ya estamos cerca, sino a esa quietud, salvo algún pronunciamiento aislado, que no hace al conjunto, que sorprende, llama poderosamente la atención y nos hace pensar que están tomando envión. 

No es llamativo el silencio de la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner, porque son parte de su estrategia, sobre la cual circunscribe su accionar.

Es un ‘poderoso’ cuadro político, cuyas palabras y silencios son parte de la elaboración de nuevas acciones, que están siempre atadas a lo que percibe a su alrededor o a los efectos que notoriamente han generado los últimos acontecimientos.

¿Cuál hubiera sido la lógica, ante una misa que apuntaba directamente al suceso que la tuvo como principal protagonista? Que estuviera presente. Ella fue la mandataria contra quien se atentó, provocando una dramaticidad que hacía muchos años no se veía. Pero no fue.

Habíamos tenido otros episodios similares, no tan evidentes y visualizados como éste. Vale recordar los que sufriera Ricardo Alfonsín, el mismo Carlos Menem. La muerte injustificada de Carlos Menem Jr. aún sin resolver; todos momentos difíciles que el país vivió y como ya es una inveterada costumbre argentina, pasó y al tiempo servía solo para tenerlas en el archivo. Para nosotros el ‘mañana, es otro día’.

Todo, aún lo más grave tiene esa levedad que, por lo menos para nosotros, es realmente grave. Casi expresa una notable deshumanización, donde las cosas suceden y mientras están en pleno vigor investigaciones que las motivaron, las seguimos. Luego pasamos al olvido, sin percatarnos que nos están señalando un camino que se comenzó a transitar un país que no logra el equilibrio ni la convivencia que se requiere para crecer y tener futuro.

Nada está encaminado. La economía en plena efervescencia. Se acomoda parcialmente el Banco Central de la República Argentina, pero a costa de ejercer parte de algunos de los condicionamientos que se conviniera con el organismo internacional de crédito, que hoy es nuestro ‘verdadero ministerio de Economía’.

Nos marcó un severo ajuste, no solo fiscal, sino en la distribución de los dineros del Estado, situación que -era de esperarse- generara la natural reacción de los grupos sociales que han visto afectadas sus prebendas y han crecido por efecto de una inflación galopante, sus necesidades.

Se hizo un ‘negocito’ con la estructura de producción del agro, en el caso de la soja, hay quienes ganan y están los que siguen insistiendo que el mecanismo, al que denominan un ‘parche’, favorece a unos, mientras que perjudica notablemente a otros.

El país se asemeja a un volcán, que desde hace un tiempo está preanunciando que puede erupcionar y con enorme fuerza. Muestra las fisuras por donde han comenzado a vislumbrarse los gases, preavisando que deben tomarse otras medidas que salven a todo lo que rodea, de males mayores.

Pero mientras estos fenómenos se siguen percibiendo, se mantienen los cortes de las calles, los grupos sociales cada vez más virulentos e intransigentes, están preanunciando un estallido, como el que aventuraron podría ocurrir Grabois y Belliboni. Aunque al primero algo lo calmaron, ampliándole sus ‘reservas’, pero para el resto no alcanza.

En razón de estas consideraciones, es sorprendente -o no tanto- que la calma que indicaría que todo comenzó a funcionar, es ficción. Nada condice con la realidad. Mermas en educación, salud, obras públicas, proyectos a futuro, nada de esto está asegurado.

La realidad no puede taparse. la ‘manta es corta’ y no pretendemos ser agoreros en nuestro juicio, pero lo peor está por venir. Sería una total satisfacción decirles en un breve lapso de días: NOS EQUIVOCAMOS.
 

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