MARTES 07 de Febrero de 2023
 
 
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Una operación extraña

Todos tienen el derecho -más allá de que no se coincida con él- a defender lo que, a su criterio, transforma un suceso lamentable, pero muy ruin y salvaje, en una condena mediática, sin analizar el grave daño realizado en perjuicio de una familia a la que se la priva de su hijo de manera violenta.

La inédita campaña que -en forma anónima- se ha comenzado a desarrollar en redes sociales, defendiendo a los ocho rugbiers, a quienes se está juzgando por haberle quitado la vida a un joven de 21 años que vacacionaba junto a sus amigos, resulta incomprensible.

Sostienen los defensores, de los hoy sometidos a un proceso por el crimen que cometieron que: “Los medios son los que generan ‘odio’ contra los ocho imputados”.

Esta acción ya había sido emprendida en la localidad de Zárate, de donde son nativos los acusados y la víctima. En aquella oportunidad, se realizó una pegatina de hojas A4, donde se expresaba: ‘“#YoApoyoALosRugbiers”. Basta de condena social. Pidamos justicia, no venganza”.

Este breve texto, acompañado de la foto de los acusados de asesinar a Fernando Báez Sosa, fue visto por vecinos de esa ciudad bonaerense que transitaron Plaza Italia, ubicada a pocas cuadras de la Costanera de esa localidad.

Ese primer síntoma de los que consideraban que lo realizado por los rugbiers debería merecer otro tratamiento y que la actitud de absoluta miserabilidad, odio y desequilibrio mental que se plantea cuando se conocen los detalles que provocaron la muerte de Fernando Báez Sosa, debe ser minimizada, se consideraría una cuestión preocupante.

Hay quienes ven en la actividad mediática que el caso ha provocado una cuestión de odio y hasta casi responsable de los padecimientos de los que están siendo juzgados por una actitud deleznable. 

La acción defensiva merece un análisis profundo, si: cuando le pateaban la cabeza al joven Báez Sosa o cuando se jactaban de lo realizado, debe ser visto como un suceso criminal más: ESTAMOS REALMENTE MAL.

“A todos como sociedad nos duele lo ocurrido. Fernando podría ser un nieto, hijo o amigo de cualquiera de nosotros... Pero, por otra parte, los ocho acusados también”. Esto se expresa en algunos posteos de la red social Instagram. Todos anónimos, una acción que no debería sorprendernos, pero que se entiende es obra de quienes piensan como ellos.

Sostener: “Basta de condena social. Basta de mentiras. Basta de violencia. Basta de odio”. Agregando que: “Todavía no entiendo -lo hace personal quien lo sube- tanto ensañamiento que hay con ellos. La historia tiene dos caras y siempre hay que escuchar las dos”.

Hay un análisis simple de este intento por minusvalorar el asesinato cometido. Hablar de que la historia tiene dos caras, es cierto, lo lamentable es que una de ellas ya no está más entre nosotros porque ellos la mataron. Y de eso ‘la prensa amarilla’ como la denominan, no tiene nada que ver.

Cuando se menciona que "hay que escuchar a las dos caras", vuelve a mostrarse una tergiversación de la realidad: ellos pueden hablar, lo que sucede es que no lo hacen, materializan: "La ley del silencio u omertà" (en italiano, omertà [omer’ta]) es el código de honor siciliano que prohibe informar sobre las actividades delictivas consideradas asuntos que incumben a las personas implicadas".

Estas situaciones que se derivan de las acciones judiciales que se desarrollan en torno al crimen de Báez Sosa, muestran con absoluta claridad el deterioro moral y la ausencia de valores que se vienen evidenciando en la sociedad argentina, desde hace un tiempo atrás.

La grieta cada vez se profundiza más y señala el desmoronamiento de la convivencia social. Estamos llegando al ‘sálvese quien pueda y como pueda’.

La realidad nos indica que estamos necesitando un profundo cambio social. Es un imperativo, si pretendemos recuperar los valores de la comunidad. 

Esta situación que se está produciendo se podía prever dado que, por el interés que despertaba en la ciudadanía, era la información principal que de lunes a viernes, ha movido en los últimos días a la prensa en general.

Todavía faltan días para llegar a una definición del juicio, donde -por ahora- todo estaría indicando que lo concluyente de las pruebas presentadas, estaría hablando de una pena máxima que, de continuar en el silencio actual, sería para la totalidad de los rugbiers hoy acusados.

Es de esperar que no se agudicen estas situaciones que están trascendiendo el nivel del juicio y trasladándose a un suceso de carácter social que podría afectar severamente a la ciudadanía ‘zaratense’.

Es factible que el resultado final, arroje como conclusión que debemos revisar nuestro comportamiento a futuro. 
 

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