LUNES 05 de Diciembre de 2022
 
 
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Una clase Jurídica: pero las dudas persisten

Nadie puede poner en duda que, durante una hora y media, Cristina Fernández de Kirchner dio muestra de su enorme capacidad oratoria. Dejó, nuevamente, en claro que se está ante un cuadro político de los pocos que hay en el país.

Su extensa exposición fue una clase magistral, de lo jurídico, pero se mostró lejos de conformar una fundamentación que sustentara la que realizara su abogado defensor, Carlos Alberto Beraldi, en oportunidad de desvirtuar las acusaciones vertidas por los fiscales Luciani y Mola.

Durante, algo más de 20 minutos se dedicó a enseñarle a los jueces, abogados, miembros de la Corte Suprema de Justicia, cómo debe interpretarse el Código Penal, una lección que nos pareció innecesaria.

Suponemos que ellos lo deberían tener que conocer, primero por ser profesionales del derecho, y luego por estar -en su mayoría- aplicándolo en forma permanente.

De esta demostración de “sabiduría” jurídica, el ciudadano de a pie, comprendió poco y nada. Se esperaba el desarrollo de los argumentos sólidos que fundaran sus defensa y pusieran en claro que -tal como dijo Beraldi- los fiscales faltaron a la verdad e inventaron situaciones que nunca existieron.

Hizo referencias históricas, se refirió a situaciones de presidentes que la antecedieron, con ejemplos que intentaron demostrar que lo que se está realizando hoy en el juicio de Vialidad, donde se le imputa ser jefa de una asociación ilícita, es claramente una persecución.

Considerar que ella, por ser la autoridad máxima del país, debería ser la responsable, de los sucesos que ocurrían en el marco de los diferentes ministerios, aparece como un hecho imposible de entender, tal la especie de las acciones de Obras Públicas en el caso de Vialidad. Resulta, según su propia interpretación, una falacia.

Habría que ser extremadamente iluso y desconocer los mecanismos de la Administración Pública, para sostener, como verdad absoluta, esa afirmación de la titular del Senado de la Nación. Esto surge claramente de la acción de los mecanismos de control que dependen exclusivamente del presidente de la Nación.

Fueron noventa minutos de buscar distintos marcos que sustentaran argumentalmente una supuesta defensa que se mostró inexistente. Del tema que todos esperaban explicara y demostrara -si existieron- las supuestas ficciones que vertieron los fiscales para obtener un pedido de condena para la ex presidenta, no se materializaron, de manera que llegara a toda la ciudadanía.

La vicepresidenta de la Nación, volvió a montar una “mis en escene” que para los que mantienen esa afinidad ciega hacia la titular del Instituto Patria, es la verdad revelada. Para los otros sectores, no solamente lo opositores sino los que sin definirse políticamente están como observadores de estas circunstancias, nunca se abocó a defenderse de las acusaciones.

Otro de los aspectos que llamaron la atención fue la vinculación que realizó entre lo actuado por los fiscales Luciani y Mola, con el intento del magnicidio. De unas manera rebuscada los condicionó como parte de ese intento de la “banda de los copitos”.

Estos acontecimientos que fueron parte de su extensa exposición, de ninguna manera ayudaron a dejar en claro las acusaciones que sustentan la causa de Vialidad. 

Se supone un muy débil intento de volver a “victimizarse” ante la consideración de la sociedad, no logrando los efectos deseados. Reiteramos que, a excepción de aquellos que pretenden ignorar, lo que se esta tratando de dilucidar es un hecho de corrupción que afectó notablemente a la obra pública y que ya cuenta con varios responsables, algunos que han purgado prisión y a otros que ahora deberán procurar no quedar condenados.

En síntesis, vivimos un nuevo episodio de esta historia que involucra a las más altas autoridades políticas que tuvo el país, durante el mandato de Cristina Fernández de Kirchner.

La verdad, o por lo menos la palabra final, ahora está en manos de la Justicia.

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