JUEVES 08 de Diciembre de 2022
 
 
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Un principio con final dudoso

En alguna de nuestras últimas entregas hicimos hincapié en las dificultades que podían llegar a ofrecer los reclamos salariales, cuya legitimidad nadie pone en duda, pero que ponían más “piedras” en el camino que se ha emprendido, procurando llegar a igualar o superar -en lo posible- el índice inflacionario.

Para nadie es una novedad que los indicadores de indigencia, pobreza, desempleo, baja del consumo, cierre de Pymes, decisiones en puerta de grandes sectores empresarios que ven en la suspensión de personal, adelantos de vacaciones o retiros especiales, intentar bajar el quebranto económico que sufren, apuntan siempre al factor humano.

Cuando se observa a los grupos sociales, incorporados casi gremialmente, a un sector denominado Unidad Piquetera, que funciona bajo las directivas del Polo Obrero, y de otros segmentos sociales marginados, que se dedican al cirujeo o cartonear, como una forma de vida, sabemos que estamos en una grave pendiente, que entraña severos problemas a futuro.

Hace varios años se inició el aprovechamiento de las necesidades de un segmento de ciudadanos, no solo argentinos, sino de distintos países limítrofes que llegaron buscando un futuro, que en sus lugares de nacimiento, no lograban. 

Así se se dio curso al deterioro social, que fue sustentado por la “prebenda” política, una manera de tener votos cautivos, que no eran otra cosa que ciudadanos, ciudadanas y jóvenes que conformaron los marginados sociales.

Se acostumbraron ellos y los políticos que fueron sucediéndose en cargos gubernamentales. Nadie pensó en que prácticamente estaban sacando de circulación a generaciones que perdieron la cultura del trabajo y que fueron producto fácil de coptar, para uno de los flagelos que azota el territorio nacional: el narcotráfico.

Hoy escuchamos a los integrantes de la clase política, que ellos tienen la solución. Unos lo hacen criticando al anterior. Otros subidos en su propia egolatría, quieren romper todo y empezar de nuevo, situación que nos parece inviable. Salvo que pretendan refundar una nueva Argentina, pero sin argentinos y eso- por ahora- es un imposible.

Sí se sabe que hubo un principio. Como en todo, alguien fue el primero. Pero lo grave es que no aparecen quienes tengan una solución, que no se pretende sea a corto plazo, pero sí que se enuncien políticas de Estado consensuadas por todos los sectores y que apunten a reflotar lo que se está, lentamente, hundiendo.

Existe en este país una enorme dificultad: “nadie cree en nadie”. Los que han tenido la oportunidad de estar en los niveles más altos del poder, lo único que trajeron fue descreimiento, desazón, tristeza y el sentimiento de un profundo fracaso como sociedad.

Estamos en una etapa donde cada mañana es “empezar” de nuevo. Existen dificultades severas para saber qué te espera, cuando el país está comprometido social y económicamente.

Resulta una proeza lograr superar los escollos que te ofrece un sistema de comercialización que tiene variantes casi diarias y donde, para lograr reponer lo que venden, incrementan el producto, sobre todo el alimentario, previendo un margen superior: “por si acaso...”.

Se ha iniciado en los últimos días una carrera salarial, sometida al tratamiento en paritarias. Procuran poner a resguardo de la permanente desvalorización del poder adquisitivo el salario de los trabajadores, trabajadoras y jóvenes emprendedores.

Reiteramos que nadie pone en duda que los reclamos son justificados plenamente. Mensualmente vemos cómo el salario se achica y las privaciones aumentan para llegar a fin de mes. Nuestra gran duda es, que si generar paritariamente incrementos que le discutan el podio a la inflación, no resultará un cuello de botella, ante la imposibilidad de algunos sectores de hacerle frente ante la disminución de sus comercializaciones.

Dudas y más dudas son las que hoy preocupan a toda la sociedad. Más de la mitad de la ciudadanía hoy no puede saber si podrán sus ingresos mantener dignamente a su grupo familiar. 

Esto ha generado el éxodo hacia el primer mundo, fundamentalmente de los sectores jóvenes-adultos, que pretenden seguridad y la tranquilidad de saber que no importa qué trabajo realicen, pero si llegan, sus vidas se transforman y comienzan a pensar en tener un futuro. 

El proceso del profundo deterioro debe terminarse. El gran dilema es, ¿cómo?
 

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