MARTES 07 de Febrero de 2023
 
 
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Si estos son los amigos...

Parece una película especialmente diseñada que muestra las herramientas que pueden ser utilizadas para acabar de hundir a un presidente.

Llama poderosamente la atención que nadie del entorno del titular del Ejecutivo Alberto Fernández, salga a intentar disminuir los efectos negativos que entrañan los ‘consejos’ que le acercan los que se consideran parte de su equipo.

Con verdadero asombro -aunque en realidad no debería extrañarnos-leemos cómo el gobernador, fracasado jefe de Gabinete en el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, el chaqueño Jorge Capitanich le reclama al Presidente que utilice los DNU, para evitar el bloqueo opositor en el Congreso.

Este pedido está referenciado en las manifestaciones de Juntos por el Cambio que decidió no apoyar ninguna iniciativa impulsada por el Gobierno para ser tratada en sesiones extraordinarias, como la reforma del máximo tribunal o la modificación de la Ley de Presupuesto.

El Decreto de Necesidad y Urgencia, herramienta contemplada en la Constitución Nacional, tiene como principal objetivo salvar una circunstancia en que se ven impedidos el Presidente o Presidenta de "seguir el procedimiento de sanción de las leyes establecido en la Constitución Nacional".

Normalmente esta atribución, que facilita la Carta Magna, es utilizada en etapas en las cuales el Congreso de la Nación, está inactivo. Como es de suponer también con rango constitucional, está contemplado que cuando se restablecen las sesiones legislativas, estos deben aprobarlos o no. Esta situación sería determinante para que si hay un sector opositor que hoy tiene número suficiente para decir que no dará quorum, en ejercicio de este mismo poder no aceptará la imposición del DNU, que contraría su posicionamiento.

En razón de ello es que resulta inexplicable el pedido, dado que infiere un suceso que está destinado al fracaso por cualquier vía que se produzca. La legitimidad, podría tenerla si en las ya anunciadas extraordinarias fueran aceptados los proyectos presentados por el Ejecutivo para su discusión.

El recurso constitucional de extraordinarias determina que debe existir el máximo consenso para poder dar tratamiento a los proyectos elevados al ámbito legislativo.

"El temario de sesiones extraordinarias previstas del 23 de enero al 28 de febrero, se oficializó el pasado viernes: incluyó el pedido de juicio político contra la Corte Suprema, el principal foco de conflicto con la oposición, el proyecto de ampliación de miembros del máximo tribunal".

"Y un paquete de iniciativas económicas, como la actualización de la ley de Presupuesto General de gastos y cálculos de la administración nacional, medida que se da en el marco de la discusión con la Ciudad de Buenos Aires por los fondos de coparticipación".

De alguna manera esto es ‘dar manija’ en un tema extremadamente delicado, que -más allá de los diferentes posicionamientos originados- para que se puedan ejecutar, deben contar con el criterio consensuado de una mayoría especial del cuerpo legislativo que hoy no existe.

Por lo tanto se asemeja más a un ‘te dejo abierta la puerta del cementerio’, hasta allí voy, después usá tus recursos legales y obrá en consecuencia.

No parece un buen consejo, aunque del gobernador chaqueño son esperables, solo basta recordar cuando en una de sus exposiciones como jefe de Gabinete, ante la prensa, se le ocurrió romper en varios pedazos un medio capitalino que expresaba su opinión, naturalmente contraria a la que sustentaba el gobierno de turno.

Alberto Fernández ya no puede hacer peor las cosas. Sin respaldos sensatos, criteriosos, que realicen evaluaciones serias en torno a las situaciones que se producen, en una Argentina quebrada, con grietas múltiples, donde los amigos de antes, caso Juan Grabois, son los grandes enemigos del presente, sus errores se suman y su imagen se deteriora notablemente.

Todos lanzados en una extraña campaña. Muchos candidatos, de un lado y del otro. Se viven cruzando e intentando desgastar al oponente de cualquier manera. Podría entenderse como una ‘campaña sucia’. Si en realidad sería la mejor forma de definirla.
Creemos que lo que no han merituado adecuadamente es la opinión de la sociedad, que finalmente será quien decida y por qué no pensar que finalmente opte -ante la incertidumbre de volver a equivocarse- por cualquiera, menos ellos.

Piénsenlo, vale la pena.
 

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