JUEVES 08 de Diciembre de 2022
 
 
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Mucha tela para cortar... 

Era de esperar que sucediera. Cuando la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner decide exponerse públicamente, lo hace en un escenario que contempla todos los detalles que hagan al objetivo que se ha fijado.

Fundamentalmente el marco debe ser de sus incondicionales, cuyas cabezas conductoras ya están instruidas sobre que deben basarse los apoyos que requiere como resultado de sus palabras la titular del Senado.

Nada esta dispuesto a “suerte y verdad”. La realidad de cada una de sus exposiciones siempre han tenido un lineamiento prefijado. El reiterado grito de “clamor” estaba -en esta oportunidad- dirigido a “Cristina Presidenta”.

Lisa y llanamente un lanzamiento -encubierto- de Cristina a consagrarse nuevamente como la candidata de un sector kirchnerista, con otras mezclas de líneas que apuntan a consolidarse en lugares de privilegio, en el marco del poder, si la movida tiene el éxito esperado.

Algo es indiscutible, fue una hora de “verba”, paseándose por todo lo que infiere su imagen en la política nacional. Desde crítica al gobierno, como si no le perteneciera, referencias a la Justicia, a la que comparó como el “partido Judicial”, con lo que llamo el “partido militar”. 

Criticó con dureza al sistema de seguridad, cuyo despliegue responde al mando del Ministro de Seguridad Nacional, Aníbal Fernández, personaje político muy polémico que no se privó de contestarle y manifestar que “ella -refiriéndose a Cristina- no sabe nada”.

Todo este “maremágnum” fue dibujando un escenario de conflicto, que esta planteado en el oficialismo. La movida tuvo el resultado esperado, más allá de las críticas o lo positivo, evaluada por quienes se encargaron del análisis de sus dichos. 

Y cuando hablamos de lo obtenido, como positivo, nos referimos a que ella habló durante casi una hora y logró una repercusión que ya lleva más de 24 horas y, naturalmente, tendrá continuidad, en la medida que se profundice. Es un proceso que se hace necesario para analizar o examinar algo con detenimiento para llegar a su perfecto conocimiento.

Es allí donde encontramos el manejo estratégico que realiza. Cada vez que logra conciliar sus apariciones con alguna fecha o aniversario donde puede ejemplarizar y comparar con el gobierno de Néstor Kircher y sus dos mandatos, las repercusiones son las predecibles y con las que ella cuenta.

No lo dijo expresamente, pero lo dejó en el aire que se vivió en el estadio de La Plata y arrojó materia para que los analistas lo tengan como central en sus evaluaciones. Se está preparando para alcanzar con éxito el proceso electoral del 2023.

Buscó, referenciar la fecha, cara al sentimiento del peronismo puro, como trampolín para mostrar lo que fueron sus gobiernos. Inexplicablemente, para muchos, se alejó del gobierno de Alberto Fernández, olvidándose que fue el candidato que eligió, cuando las encuestas le arrojaron resultados negativos si se animaba a postularse.

Un ninguneo, que sirvió como argumento, válido por otra parte, para que los opositores tuvieran materia para desacreditar cada uno de sus dichos. Entendiéndose que los ejemplos comparativos estuvieron muy alejados de la realidad que ha vivido y vive la Argentina en los últimos diez años.

Hubo varios temas que por su endeblez argumental son factibles de ser abordados. Hay que detenerse en varios matices, que requieren de interpretaciones y análisis concienzudos, que no es para tomar a la ligera. 

Pero la realidad, a nuestro criterio, marcó claramente cuál era su objetivo: ser el punto central de la atención del país durante más de una hora y generar que, posteriormente, mal o bien, se siga hablando de Cristina Fernández de Kirchner. 

Ya lo dijo, reiterando una frase de Juan Domingo Perón: “Todo a su tiempo y armoniosamente”. Como buena tiempista, abrió la puerta, y ahora buscará comenzar a consensuar posiciones, en el marco del poder de La Cámpora.

Pocas aristas que permitan materializar un desgaste. Dejó planteado que el país necesita un cambio para recuperarse y que ese factor esta reflejado en lo que han sido sus gobiernos. 

Un relato de su verdad, que indudablemente no es la que tiene gran parte de la sociedad argentina. La pregunta que correspondería realizarse es: ¿Vale la pena dejar a Cristina en el centro de la agenda política nacional?

Creemos que habría que repensar nuestra actitud, dado que en sus palabras no hubo referencias a la indigencia, pobreza, desempleo, deuda fiscal, quebranto financiero, empobrecimiento generalizado y un proyecto de país donde los mejores se van. Las empresas no lograr recuperarse, las pymes desaparecen por no poder enfrentar sus compromisos productivos, entre otros males. Notable incremento delincuencial y empoderamiento del narcotráfico. Obliga a una profunda reflexión. 

Lo otro es una nueva cara, o una reiteración del acostumbrado relato.
 

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