JUEVES 08 de Diciembre de 2022
 
 
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Los aumentos no frenan. La esperanza desaparece

Un fenómeno que resulta extremadamente difícil poder analizar. Además impide brindar alguna certeza de los juicios que se puedan emitir y alcancen visos de credibilidad ciudadana.

Esto es tan así, que resulta fácilmente comprobable. Basta solo salir a la calle y comenzar a recorrer comercios. Era un día sábado que frecuentemente ofrece dificultades para ser atendido con rapidez, porque es el día de la semana aprovechable, dado el tiempo que dispone el núcleo familiar para concretar las compras necesarias.

Eso hicimos y antes de salir procuramos hacernos de la necesaria paciencia para tener éxito en la misión que nos habíamos fijado. Recorrer, hablar con la familia piquense y conocer opiniones que aunque, entendíamos, serían diversas nos permitirían tener un panorama de la forma en que se ve afectada la sociedad.

La realidad fue frustrante. Vimos gente disfrutando de un café -no mucha- y otros junto a sus hijos compartiendo algunos dulces. En los comercios de indumentaria, electrodomésticos, zapaterías, vinotecas conocidas y muy concurridas habitualmente los fines de semana, vacíos.

Algún que otro personaje sabatino que salió a ver precios y en su recorrida observó que aquellos que necesitaba, estaban fuera de sus posibilidades.

Una charla ocasional con algunos comerciantes nos permitió saber que, desde hace unos 10 días están evaluando costos casi cada 24 horas. Lo que vendieron ayer cuando van a reponerlo mañana, ya tiene un incremento del 10 al 40 por ciento.

Nos expresaban con enorme pesadumbre, que las ventas se caen estrepitosamente y que los resultados de planes de financiación, son: ‘Pan para hoy y hambre para mañana’.

Hay facilidades, pero alguien tiene que pagarlas. No son gratis. Permiten acceder al producto a través de una tarjeta bancaria en planes de diversa cantidad de cuotas pero eso tiene gastos que o los asume el comerciante o van disimuladamente en costos administrativos de la tarjeta en cuestión.

Si algo siempre nos había llamado poderosamente la atención, era que determinados y muy puntuales comercios, casos vinotecas, tenían el sábado un día especial de ventas. Había en esta instrumentación factores que justificaban la decisión de la compra: el fin de semana la reunión familiar y el asado y en casos masivos los que se surtían -como las birrerías- de la consabida cerveza que se degustaba con los amigos en las noches sabatinas.

Allí el vacío era muy notorio. En algunos casos directamente solo los empleados, dialogando animadamente sobre temas cotidianos, pero una total ausencia de compradores.

Este y otros indicadores nos está poniendo de relieve que la situación económica se agrava día a día. Hoy lo que ingresa al hogar -como hacía muchos años no ocurría- se segmenta y priorizan los gastos de acuerdo a las necesidades impostergables.

La selección de posibles a ineludibles gastos, es una materia que desde hacía mucho tiempo no se practicaba. Y hoy es una mecánica sin la cual no se llega a cubrir las necesidades básicas.

La gran pregunta es: ¿Tiene un fin este sometimiento económico?. Al parecer y según puede deducirse de los consultores económicos y especialistas en niveles de consumo social, esto va para largo y tiende a generar mayor gravedad en gran parte de la sociedad, que hasta ahora venía alcanzando a mantenerse en la ya casi desaparecida clase media.

Un tema preocupante, que lo vemos reflejado a diario en los piquetes que conformados por masas humanas que se lanzan a la calle buscando que desde los ámbitos de gobierno les solucionen el problema de la subsistencia, se nos suponía alejado de pequeñas sociedades como la nuestra, donde se manejan otras formas de vida,

La realidad nos golpea la puerta y nos está indicando que, también acá estamos empezando a quebrarnos social y económicamente. En menor medida -eso es cierto- pero la pobreza y las necesidades esenciales crecen.

Es indiscutible: hay que ponerle freno al constante crecimiento de los precios. El ¿cómo? es el interrogante al que nadie -hasta ahora - le encuentra respuesta. No bastan con paritarias ostentosas, con logros del 110 o 130 por ciento de incremento. Porque lo que no tiene freno es lo que se consume.

Debe comenzar a pensarse, seriamente, que las empresas ya están mirando al gasto que representa en su esquema de costos el recurso humano, como uno de los necesarios para poder afrontar sus economías y eso puede desencadenar el grave flagelo del desempleo.

Pareciera que estamos en caída libre por un túnel que por ahora -lo reiteramos- no tiene salida. Una esperanza que se extingue y un futuro que enflaquece a diario.
 

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