DOMINGO 02 de Octubre de 2022
 
 
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La realidad cambiante

Los argentinos estamos sometidos a los vaivenes de un país que no alcanza a superar una situación social o económica y ya tiene sobre sus hombros otras alternativas tan azarosas como las que viene soportando y que, para muchas de ellas, no encuentra solución.

Tenemos muchas realidades. Nos decía un interlocutor que nos planteaba que entendía porqué los jóvenes están mirando cuánto les falta para terminar sus estudios para alejarse del país en procura de un mejor futuro.

Nosotros intentamos, sin llegar a contradecirlo, porque en muchos de sus juicios coincidíamos, que, como decían las abuelas “lo último que se pierde es la esperanza”, y nosotros, pese a todo, seguimos pensando que en algún momento recuperaremos el terreno perdido.

La política, sometida a las presiones de quienes pretenden posicionarse y estar siempre en el ámbito del poder es, aparte del problema, la que lleva la mayor responsabilidad de lo que nos sucede.

Un país, que, si apelamos a la memoria, tuvo importantes hombres que se perfilaron como conductores de la sociedad y le aportaron mucho para sacarla del profundo pozo en el que estaba hundida. 

Lograron recuperar una sociedad obteniendo positivos resultados cuando abrieron las puertas de las posibilidades a quienes procedían de muy abajo en la capa social y se comenzó a configurar lo que resultó, años más tarde, la denominada “clase media”. Que mal que le pese a muchos, fue el andamiaje que facilitó el crecimiento de la Argentina.

No obstante esta capacidad que demostraron poseían tenía una pesada carga, que nunca, hasta ahora, han logrado hacerla desaparecer. Sus propias ambiciones personales y la ‘dote’ de un poder que deberían haber transmitido y no lo hicieron.

Un fenómeno psicosocial que enfermó a nuestros mejores dirigentes. Nunca dejaron herederos. No formaron alumnos, personas brillantes que tuvieron a su alrededor para tuvieran continuidad sus proyectos de crecimiento y, fundamentalmente, que hicieran realidad que: siempre hay un futuro.

De esta manera fueron pasando los años y sorprende saber que en el mundo, sobre todo en países proyectados por su continuo crecimiento, hay, en la mayoría de ellos, argentinos que emigraron en busca de mejorar su formación y allá les vieron el desarrollo mental y naturalmente los incorporaron a sus sociedades.

Científicos, médicos, contadores, técnicos, profesionales en general, licenciados en diferentes temáticas, están ocupando lugares de preeminencia, en países desarrollados que hoy apuntan a llevarse los jóvenes que, formados en las nuevas tecnologías, serán parte de los hitos de crecimiento que programan.

Pero mientras discutimos qué cuadros políticos son los mejores, seguimos huérfanos de herederos y navegando en la enorme incertidumbre que llegado el día en que debemos decidir quiénes están mejor dotados para gobernarnos, caemos siempre en lo mismo.

La respuesta se repite en cada ocasión: “tienen experiencia, hicieron las cosas bien”, entre otras definiciones que materializan al conductor. Pero para llegar a ese nivel de aceptación ciudadana, primero debutó, se equivocó, hasta que los fracasos fueron parte de una experiencia que los marcó, para no volver a repetir errores.

Pero volvemos a lo anterior: seguimos sin herederos. Las nuevas generaciones, bien formadas, no tienen la experiencia, tampoco permitimos que la hagan. Seguimos intentando volver a repetir, porque eso nos brinda confianza, con los viejos esquemas. 

Se nos hace imperiosamente necesario que abrevemos en los mejores resultados de quienes ya cumplieron etapas y logremos desde ahí los indicadores de cuales son los caminos más acertados. 

Es evidente que debemos recuperar un tejido social que se ha poblado con casi tres generaciones a las que se privó de crecer, progresar. Se les minimizó la cultura del trabajo, supliéndola con la prebenda política. En síntesis, aprovecharon el déficit educacional de los últimos 30 años, que no es poca cosa, para lograr sus objetivos de seguir siendo quienes tienen el poder.

Ese error, lo estamos pagando y configura la nueva realidad argentina. Resolver este dilema, sería pensar en un mejor futuro.
 

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