MARTES 29 de Noviembre de 2022
 
 
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Emociones, pensamientos e intestinos

La serotonina, considerada la hormona de la felicidad, se fabrica principalmente en el aparato digestivo. Cien millones de neuronas regulan el tracto intestinal. Más vale seguir una buena alimentación para encontrarnos bien con nosotros mismos.

Estamos bajoneados y asaltamos la cocina para aliviarnos. El cuerpo nos pide un dulce o una bolsa de papas fritas. Parece que en esos momentos es lo que más necesitamos, pero estamos muy equivocados: la salud emocional comienza con cuidar también nuestro aparato digestivo. 

La serotonina, considerada como la hormona de la felicidad, es una de las responsables de regular la tristeza, la apatía, nuestras dudas o, incluso, nuestras obsesiones. Alrededor del 10% de esta sustancia, aproximadamente, se procesa en el cerebro. Pero el 90% restante se fabrica en nuestro aparato digestivo.

Si nuestra digestión no está bien, tampoco lo estará el estado de ánimo. El aparato digestivo contiene 100 millones de neuronas que pertenecen al sistema entérico, cuya función es regular el tracto intestinal desde el esófago al recto. También está conectado con el páncreas y la vesícula biliar. Estas neuronas y nervios controlan los movimientos musculares del intestino, la secreción de sustancias digestivas y el flujo sanguíneo en esta parte del cuerpo. 

Por este motivo se ha denominado a esta zona del organismo el segundo cerebro. Emociones, pensamientos e intestinos tienen una comunicación tan perfectamente orquestada que provoca un nudo en el estómago después de una discusión o la necesidad de ir al baño antes de un examen.

Las últimas investigaciones científicas están dando un paso más y demuestran ahora la relación existente entre el aparato digestivo y las enfermedades neurológicas. Sonia Villapol, doctora en neurociencia y profesora de la universidad estadounidense de Georgetown, analiza la conexión entre los ictus y la flora intestinal. 

En sus experimentos con ratones, Villapol ha demostrado que la composición bacteriana de los roedores se ve alterada después de un daño en la cabeza. “Si somos capaces de controlar la flora, podremos ayudar al cerebro a que se recupere más rápido de las lesiones, así como reducir los estados de ansiedad y de depresión postraumática”. 

En esta misma línea, se ha descubierto que el 95% de los niños que sufren trastornos como déficit de atención, hiperactividad o, incluso, autismo, presentan problemas digestivos, según cuenta la doctora Irina Matveikova en el libro Inteligencia digestiva (La Esfera de los Libros). Para prevenir problemas digestivos que terminan dando dolores de cabeza se impone regular nuestros hábitos diarios.

Matveikova, experta en endocrinología, recomienda como primera medida descansar de vez en cuando del trigo, el azúcar, los lácteos y el alcohol.

También es recomendable nutrir a nuestros dos cerebros con alimentos como palta, bananas, las nueces, las semillas de calabaza, la cúrcuma, los huevos o el pollo (preferiblemente de campo).

Los expertos insisten en los beneficios mentales de moverse más y comer productos frescos, evitando los envasados, los precocinados y los dulces industriales. Incorporar técnicas de relajación diarias, ejercitar el abdomen y dormir unas ocho horas completan la fórmula. 

En definitiva, si nuestro estado anímico no es positivo, valdría la pena analizar cómo estamos comiendo, revisar la heladera y las alacenas, e incorporar ciertos hábitos más saludables para encontrarnos mejor con nosotros mismos.
Dr. Juan José Penna

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