SÁBADO 07 de Febrero de 2026
 
 
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El que más echa es el que más gana...

Si existe un termómetro para medir la perversidad, el equipo de Javier Milei, siguiendo al pié de la letra sus indicaciones, se llevaría varios premios.

Según el paradigma mileiano, vinieron para generar un cambio sin especificar demasiado sus alcances, porque en este caso estaría señalando que gastan bastante tiempo de sus funciones en elaborar estrategias que les permitan ir engrosando sus ingresos.

Una forma de “robar” legalmente. Javier Milei dispuso premiar con un plus salarial a las áreas que más empleados despidan.

Lo determinó en una normativa publicada en el Boletín Oficial que generó un fuerte rechazo de uno de los gremios estatales; al tener en cuenta que a fin de mes vencen 50.000 contratos. Sin errores, son 50 mil desempleados más que ayudarán a llenar los bolsillos de los verdugos ultra libertarios.

La resolución se publicó en el Boletín Oficial (BO) que estableció que se podrán asignar unidades retributivas adicionales a los funcionarios a cargo de las diferentes áreas que hayan sigan reduciendo personal.

Una forma diferente de incentivar el despido de empleados. Un ajuste que ordenado y normatizado por el Ministro de Regulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, tendrá numerosos responsables, dado que provocará la aplicación de los sistemas de control de producción, que ya está siendo objeto de utilización en empresas y sectores industriales a los efectos de poder reducir las plantas laborales y con ello achicar las masas salariales.

Según explicaron fuentes gubernamentales: “Las unidades se distribuyen en función de los objetivos de cada cartera y entre los fines está el ajuste, como uno de los parámetros que deben alcanzar”. Agregaron también que por eso es el “reconocimiento”.

Es, de alguna manera, entregarle una motosierra a cada titular de áreas estatales y premiarlos con suculentos “plus salariales” cuando el número resulte satisfactorio al presidente Milei y a quienes programaron el sistema, Sturzenegger y Francos.

Es el desarrollo de un operativo de despido masivos, una expulsión de masa trabajadora que de un plumazo se encontrará engrosando los índices de desempleados y muchos de ellos sin posibilidades de volver a ingresar, por factores de edad, formación y preparación.

Hoy, ese finiquito se está dando en áreas de gobierno que están comprendidas en el plan de ajuste, y achique del Estado, tarea que lleva a cabo el ministro Federico Sturzenegger. Algunos podrán, por circunstancias determinadas, ser destinados a otras secciones del gobierno, pero en su mayoría quedan en la calle y sin demasiadas posibilidades de volver a insertarse en las áreas de trabajo.

El efecto despidos también es un procedimiento que se está gestando a nivel de empresas, comercios, industrias, quienes deben ajustar sus economías para poder mantener las inversiones realizadas a lo largo de muchos años y que hoy se ven amenazadas por el ingreso de materia de importación favorecida por la caída arancelaria; situación que los convierte en muy competitivos ante los costos argentinos de producción.

Es un plan que se está concretando sin pausa y que ya lleva más de 200 mil personas que se plantean la incertidumbre de un mañana sin futuro.

Pero si algo faltaba para generar indignación es que también hayan resuelto premiar con plata a quienes ejerciendo cargos pueden arbitrar prescindir de personal que ellos consideren resultan un costo innecesario para el Estado Nacional.

A esta situación que plantea graves contingencias sociales a futuro, hay que sumarle las dudas existentes en los posibles acuerdos a materializar con el FMI.

Un escenario que contiene un combo completito, especialmente cuando el ministro de economía Luis “Toto” Caputo, anuncia cifras que el organismo de préstamos no ratifica, sino que corrige y morigera desalentando el intento oficialista de frenar los nervios del mercado.

La realidad económica argentina nos golpea todos los días y así bien procuran disimularlas y para ellos crean nuevos ámbitos conflictivos -distractivos-, el volumen es de tal magnitud que resulta una tarea ciclópea que están lejos de lograrla.

Javier Milei y los integrantes del “triángulo de hierro” observan como espectadores sin responsabilidades, como se deteriora el tejido social, se caen empresas, aumentan los desempleados, la pobreza y la indigencia, ante una total orfandad gubernamental que no permite albergar esperanzas de revertir el proceso decadente en el que vivimos.

El poder mal ejercido, desconociendo el fruto del trabajo en común, tiende a generar un fracaso.

Hoy Javier Milei sigue pensando que todo es producto de la “casta corrupta” y de quienes alientan el “golpe de estado”.

Esa irrealidad nos acerca cada vez más al precipicio. Corromper a sus sumisos seguidores no es la solución.

Pero es evidente que Javier Milei no lo está viendo y las “fuerzas del cielo” se ausentaron. Hoy los argentinos estamos solos: ¿Podremos contra la adversidad?

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