DOMINGO 10 de Diciembre de 2023
 
 
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Despertar con 21 cañonazos

En esos dos días especiales algo también especial nos apuraba la sangre. Desde jornadas anteriores nos ganaban suspiros profundos por algo que no nos explicábamos bien pero que sabíamos de enorme significado.

Esto nos ocurría cada 25 de mayo y cada 9 de julio. Ambas fechas me remontan a mi edad de 5 0 6 años y a madrugadas frías en las que costaba desprenderse de las sábanas.
Era cuando con nuestros hermanos mayores, abrigados hasta el infinito nuestros cuerpos, aguardábamos en casa mientras contabilizábamos uno a uno, con emoción, los veintiún cañonazos que desde la plaza central disparaban los artilleros del regimiento para recordarnos que la patria estaba de fiesta.
Por entonces no se pensaba en los feriados largos ni en la oportunidad de un viaje para aprovecharlos. Simplemente sabíamos del chocolate caliente que nos esperaba en el comedor escolar, de las palomas espantadas en vuelo, del desfile de escuelas, instituciones civiles, colectividades, enfermeras, ciclistas, paisanos de a caballo, reservistas, soldados y fanfarria 
Con qué expectativa esperábamos esos días de retretas y kermeses, de palos enjabonados y carreras de embolsados, mientras multitud de banderas argentinas flamearían desde las casas lujosas o humildes y ningún pecho dejaría de lucir con orgullo la escarapela nacional.
Por entonces en las aulas, los maestros nos hablaban mucho del nacimiento de la patria y de sus próceres y con datos ciertos o supuestos iban conformando nuestra argentinidad. En las clases de música privilegiábamos las marchas nacionales, zambas, triunfos y carnavalitos.
No soy de los que piensan que todo tiempo pasado fue mejor ni que el nacionalismo a ultranza deba enceguecer nuestras mentes al extremo de ofrecer la vida por intereses confusos.
Razonablemente sospecho que los argentinos hemos venido perdiendo algo muy profundo y que el sentimiento de origen y pertenencia es reemplazado por otras urgencias.
También sospecho que las fechas gloriosas están hoy siendo utilizadas por parcialidades que poco tienen que ver con los ideales de mayo ni con la idea feliz de la independencia.
Lejos de cualquier instancia bélica vuelvo a ser niño para contabilizar como entonces aquellas salvas madrugadoras que en las jornadas patrias agitaban nuestros sueños colectivos.
 

Por Hugo Ferrari- Especial para La Reforma
 

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